Intervenir ante la violencia de género

Cómo intervenir ante la violencia de género

Los profesionales que tienen que intervenir ante la violencia de género, podrán hacerlo mediante el desarrollo de acciones de diversa índole: de sensibilización, de prevención, de rechazo de la violencia, así como programas de formación específica. Podrá hacerlo desde el punto de vista del agresor, de la familia o de la víctima.

En nuestro caso, nos ocupa la intervención que se efectúa de forma complementaria al proceso judicial-legal que se abre en el momento en el que la mujer da la voz de alarma (no necesariamente tiene que denunciar, aunque sí lo hace se articula en torno a ella un protocolo de actuación de mayor intensidad, con la adopción inmediata de medidas preventivas, mientras se resuelven los distintos procesos judiciales).

Tratamiento de la violencia de género en grupo

La intervención mediante el grupo gana importancia en el tratamiento de la violencia de género. Se crean los grupos de apoyo que pretenden ser un lugar de confidencias y ayuda entre mujeres, a cargo de una persona facilitadora, con conocimientos especializados en la temática. Los grupos de apoyo se conciben como una mezcla de varias formas de intervención: educativa, terapéutica, psicológica.

Los grupos de apoyo ofrecen un espacio para hablar, compartir experiencias, puntos de vista, entender qué les pasa, empatizar con otras mujeres…

Poner en palabras lo que nos pasa es el camino para desandar o volver del más difícil de los recorridos que nos condujeron al exilio de la violencia de género: las conversaciones privadas”. María Laura Razzari (2014), víctima de violencia de género y autora del libro ¿Cómo salir del maltrato?

Intervención con mujeres víctimas de violencia de género

Al intervenir con mujeres víctimas de violencia de género, deben abordarse tres pilares fundamentales, responsables de la duración de esta problemática en el tiempo: la sobrecarga, la desvalorización y la culpa.

  • La sobrecarga que es dada desde la niñez, haciendo posible la adaptación a situaciones cotidianas que están por encima de las posibilidades de la niña por edad, madurez, recursos emocionales, materiales, etc., que las lleva a soportar condiciones de vida poco saludables luego en la adultez.
  • La desvalorización viene dada por una educación que premia a la mujer por estar pendiente de la valoración externa de sus acciones, inclinadas a la obediencia y satisfacción de los deseos de otros como condición para ser reconocidas y aceptadas.
  • Es común en la niña y luego en la mujer que cuando los deseos, sueños o intereses se interponen con las obligaciones familiares y domésticas, antes de soportar el sentirnos en deuda con nuestros entornos preferimos renunciar a todo ello. Se produce la renuncia de aquello que se anhela suponiendo que eso va a ser garantía de la tranquilidad y el amor de la familia.

Para poder intervenir sobre estos tres factores, es importante no dejar atrás aquellas pautas de prevención que pueden evitar que estos tres pilares se cronifiquen. Para ello os dejamos el enlace a nuestro post anterior “Como prevenir la violencia de género” .

¿Por qué optar por la intervención grupal con mujeres que han sido víctimas de violencia de género?

Si hay algo que caracteriza a la gran mayoría de mujeres víctimas de malos tratos, es la soledad. Se trata de una soledad que les ha sido impuestas con un propósito: el de aislarlas para que sigan siendo presas fáciles de los maltratadores. Se trata de una soledad estudiada, fruto de un trabajo constante por parte de quién maltrata.

La base de este pensamiento aparece en la inseguridad del maltratador. Sienten que no son nada si no logran ejercer su dominio, si no pueden “ser dueños de” o “tener el control sobre”, es por ellos que aislar a la mujer se les acaba por convertir en una necesidad constante.

La experiencia ha demostrado que la violencia de género se trata de un problema social y público, y como tal, salir de él sin ayuda de otras personas se hace muy difícil. La clave la encontramos en la integración con nuevas personas.

Cada persona podrá decidir dónde, con quiénes, cómo, cuánto, cuándo se relacionará para salir de la situación de maltrato, lo que no podrá pretender es hacerlo en soledad, porque su problema no es individual.

Por ello, la comunidad ha puesto disposición de estas mujeres diferentes grupos, asociaciones u otras entidades de ayuda.

Principios de la intervención con mujeres víctimas de violencia

Los profesionales que brindan algún servicio a mujeres víctimas de violencia de género deben tener presente:

  • a) Las difíciles y diversas experiencias de violencia que las mujeres puedan haber vivido, las coloca en una situación de especial desventaja, exclusión y vulnerabilidad. Por ello, nunca se debe tomar ventaja de estas situaciones para manipular o coaccionar a las mismas para que realicen cualquier tipo de conductas o acciones que vayan en contra de su dignidad humana.
  • b) Se debe recordar que las mujeres afectadas con sujetos activos en la construcción de su propia trayectoria de vida. Por ello, todas las actividades que se realicen deben contar con la participación y consentimiento de las mismas.
  • c) Todas las personas tienen que ser tratadas con imparcialidad y respeto. Por ello está totalmente prohibido cualquier tipo de prácticas excluyentes y discriminatorias, ya sea por nacionalidad, género, condición económica, etnia, edad, orientación sexual, entre otras.
  • d) La relación en la persona facilitadora y la persona víctima de violencia de género es estrictamente profesional. Por ello, los/as profesionales deben abstenerse en todo momento de establecer una relación íntima con la mujer afectada.
  • e) Es importante reconocer que, dentro de las diferentes poblaciones que ingresan al grupo, existe una gran pluralidad de vivencias, personalidades, necesidades y puntos de opinión del mundo.
  • f) Dadas las difíciles y diversas experiencias de violencia que atentan contra la seguridad de las mujeres víctimas de violencia de género, se debe por la confidencialidad de la información que estas mismas nos proporcionen.
  • g) A favor de la protección y del respeto de la dignidad y confidencialidad de la persona que asisten a un grupo a poyo o a son atendidas a nivel individual, la información que ésta nos proporcione nunca será empelada como objeto de burla, humillación o sarcasmo entre el personal que presta los servicios.
  • h) Es obligación de las personas proveedoras de los servicios cumplir con las indicaciones acordadas para contribuir y fomentar la seguridad propia de las mujeres víctimas.
  • i) Es importante que todas las personas profesionales tengan presente en la intervención el ciclo de violencia y la situación psicosocial de las mujeres víctimas de violencia de género, a fin de poder minimizar los actos violentos el riesgo que corren.
  • j) El abordaje interdisciplinar de la violencia de género es fundamental para la recuperación integral de las víctimas.
  • k) Las personas profesionales deben tener en cuenta las obligaciones que asumen de notificación y denuncias de casos de violencia de género, cuando por razón de su cargo conozcan un caso.

Durante la intervención, encontramos otros dos principios básicos que deben guiar la práctica del profesional: la implicación de profesional y la escucha activa y empática.

  • Implicación del o de la profesional. Podemos encontrar dos extremos: una excesiva implicación o una escasa implicación, y entre ambos un gran variedad de grados.

– Un exceso de implicación. Cuando nos implicamos más de lo estipulado profesionalmente, ocurre que personalizamos el caso como si nos ocurriera a nosotros, olvidando que la mujer víctima pasa por una estado psicológico que difiere en gran medida del nuestros. Una implicación en exceso provoca además en el profesional un mayor desgaste, un incremento de las frustraciones, y la aparición de sentimientos contradictorios hacia la mujer que atendemos. De este modo, las intervenciones posteriores con la mujer podrían verse afectadas por la relación de afectividad del profesional.

– Una escasa implicación. No implicarse lo suficiente puede ser visto por las mujeres como apatía, desinterés por su caso o incluso incredulidad de lo narrado. Esto provoca en la mujer víctima de violencia de género un sentimiento de seguridad hacia el servicio, imposibilitándola y bloqueándola para expresarse con seguridad, confianza y libertad, requisitos imprescindibles para una afectiva recogida de información del caso y su posterior plan de actuación.

  • Escucha activa y empática. La necesidad de activar ambas prácticas por parte del profesional que atienden a las mujeres víctimas de violencia de género es del todo necesario, ya que no todas las víctimas reaccionan igual aun con características comunes. No todas las mujeres demandan lo mismo, ni padecen las mismas consecuencias, ni se encuentran en la misma etapa del proceso violento cuando deciden informarse o solicitar ayuda por primera vez. Ningún profesional debe tomar decisiones por ellas o decidir sus demandas, a excepción de casos de alto riesgo para la mujer o para los hijos de ella, en lo que se pondrán en prácticas medidas de urgencia, aun no siendo demandadas por las víctimas.

Escucha activa: técnica específica que se compone de una serie de comportamientos y actitudes que preparan al receptor a escuchar, a concentrarse en la persona que habla y a proporcionar respuestas. Implica otros aspectos como ofrecer disponibilidad y mostrar interés por la persona que habla.

Practicar la escucha activa requiere:

– No tener ideas preconcebidas, para intentar comprender lo que nos cuenta la persona interlocutora.

– Objetivar continuamente la información que la otra persona expresa. Verificar la comprensión adquirida, haciendo “devoluciones” de lo escuchado, por ejemplo, “si te he entendido bien, tú piensas que…”

– Tolerar las emociones de la otra persona y acoger su problemática.

– Tener capacidad de contención para sostener a la otra persona que debe percibir que lo que le sucede no nos alarma ni altera.

– Empatía: participación afectiva de una persona en una realidad ajena a ella, generalmente en los sentimientos de otra persona.

Aunque en este post hemos intentado poner en conocimientos las herramientas e intervenciones más frecuentes en la intervención ante la violencia de género, es indiscutible que la naturaleza del problema hace que se pongan en juego muchas variables que hace que cada caso deba analizarse de forma individual en lo que a la intervención se refiere. Nos gustaría conocer tu opinión al respecto, así como pautas de tratamiento adicionales que queráis compartir.

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