Con el término sexismo lingüístico se hace referencia al uso del lenguaje de forma discriminatoria hacia las mujeres. Se produce cuando las palabras que utilizamos o la forma en que las estructuramos producen discriminación por razón de sexo. Sin embargo, la lengua española ofrece suficientes posibilidades para evitar, sin agredir las normas gramaticales, cualquier discriminación por razón de sexos.

¿Cómo podemos detectar el sexismo lingüístico?

Existe una forma muy simple de detectar el sexismo lingüístico, que también puede ser utilizado en otros códigos de comunicación visual como las fotografías, que se conoce como la regla de la inversión.

Consiste en invertir todas las referencias sexuadas, es decir, si hay un término en masculino, cambiarlo a su correspondiente femenino y viceversa, por ejemplo,  si aparece la imagen de una mujer en un reclamo publicitario, imaginar el mismo reclamo protagonizado por un hombre, y viceversa. Si el resultado de la inversión nos parece extraño es porque estamos ante algún tipo de sexismo y así, en los términos lingüísticos si se produce un cambio en el significado del contenido perjudicando a uno de ellos, estaremos incurriendo en el sexismo lingüístico y deberemos corregirlo.

Por ejemplo, pensemos en una nota de prensa “un 95% de los alumnos presentados a la prueba de acceso a la universidad obtienen una calificación de apto”. Tal y como está redactada muestra sexismo lingüístico al utilizar el masculino como genérico.

Apliquemos la regla de inversión: “un 95% de las alumnas presentadas a la prueba de acceso a la universidad obtienen una calificación de apto” Publicada de esta manera ¿No parece extraña?¿No parece información sesgada que nos induce a pensar cuál de los dos sexos tiene entonces mejor porcentaje de aprobados?

Escribamos esta misma nota evitando el lenguaje sexista “un 95% del alumnado presentado a la prueba de acceso a la universidad obtiene una calificación de apto”.

El uso sexista del lenguaje más frecuente es el abuso del masculino genérico. Su empleo no sólo conlleva ambigüedad, sino que además confunde lo masculino con lo universal, debido a que el masculino tiene una doble valencia por la que sirve para designar únicamente a los varones en unos casos y a las mujeres y a los hombres en otros.

Otro uso sexista frecuente son los duales gramaticales, es decir,  palabras cuyo significado cambia dependiendo del sexo y que, además suelen tener connotaciones negativas, lo que sucede con zorro/zorra o designar un rango inferior al ser empleada en su forma femenina, algo muy frecuente sobre todo en relación a los puestos de trabajo como es el caso de secretario frente a secretaria o asistente y asistenta.

Asistente (RAE): Persona titulada, cuya profesión es allanar o prevenir dificultades de orden social o personal en casos particulares o a grupos de individuos, por medio de consejo, gestiones, informes, ayuda financiera, sanitaria, moral, etc.

Asistenta (RAE): mujer que sirve como criada en una casa sin residir en ella y que cobra generalmente por horas.

Alternativas al uso del masculino como valor genérico

Aunque el uso del masculino genérico es, en buena medida, una cuestión de economía del lenguaje también acarrea problemas cuando su uso genera ambigüedades, crea discriminación y oculta a la mujer.

Veamos algunas de las alternativas al uso del masculino genérico, su aplicación y uso va a depender de cada contexto, ya que no todas las opciones funcionan en todas las situaciones de uso:

Sustantivos abstractos

Sirven para denominar cualidades, sentimientos, emociones, instituciones (rectoría, presidencia, alcaldía, inspección, autoría, adolescencia). Resultan muy útil cuando se desconoce el sexo de la persona a la que nos referimos o la institución a la que representa (gerencia, redacción, secretaría…).

Por ejemplo: Los adolescentes pasan por una etapa de desarrollo personal complicada.

Uso correcto: La adolescencia es una etapa de desarrollo personal complicada.

Sustantivos colectivos

En su forma plural aluden a un grupo de personas con independencia de su sexo (alumnado, profesorado, personal, juventud, voluntariado, equipo, funcionariado).Permiten eliminar la ambigüedad sin afectar a la legibilidad o estética del texto y, por esta razón es la opción más recomendada.

Por ejemplo: Los alumnos verán reducidas sus horas de clase.

Uso correcto: El alumnado verá reducidas sus horas de clase.

Perífrasis

Las perífrasis son construcciones lingüísticas que expresan una idea “dando un rodeo”. Por ejemplo en vez de los andaluces, los interesados, los políticos, profesores y alumnos,… diríamos la población andaluza, las personas interesadas, la clase política, la comunidad escolar.

Omisión de referencias directas al sujeto

Consiste en redactar las frases eliminando la referencia al sexo de la persona implicada. Se puede hacer bien utilizando la forma impersonal (estructura con “se”) o bien con infinitivos y gerundios.

Por ejemplo: El usuario abonará las tasas antes de que finalice el mes.

Uso correcto: Se abonarán las tasas antes de que finalice el mes.

Aposiciones

Las aposiciones explicativas son fórmulas lingüísticas que permiten aclarar el significado de la palabra a la que se refiere, eliminando cualquier posible ambigüedad en caso de que este fuera un masculino genérico.Se trata de aclaraciones, para hacer visible a la mujer en la forma de escritura.

Por ejemplo: El objetivo es promocionar a todos los deportistas

Uso correcto: El objetivo es promocionar a todos los deportistas, tanto mujeres como hombres.

Desdoblamientos

Consiste en escribir los dos géneros: “niños y niñas” “maestros y maestras”, aunque puede resultar muy repetitivo y, por ello, no se recomienza abusar de esta alternativa.

Su empleo más aconsejado es como señal de cortesía (señoras y señores, amigas y amigos) y cuando se trate de cargos profesionales tradicionalmente ocupados por hombres o por mujeres, ya que su uso ayuda a romper con la asociación estereotipada al sexo.

Expresiones sinonímicas

Se trata de expresiones que nos permiten expresar el mismo significado pero sin utilizar el masculino genérico.

Por ejemplo: Hay que respetar los derechos de los demás.

Uso correcto: Hay que respetar los derechos ajenos.

Omisión de masculinos innecesarios

Al revisar los escritos encontramos palabras que hacen alusión a lo masculino y que resultan innecesarias para transmitir el mensaje. Estas palabras de más deben ser omitidas.

Por ejemplo: El director del centro quiere dirigirse a todos los miembros de la comunidad educativa.

Uso correcto: El director del centro quiere dirigirse a toda la comunidad educativa.

Arroba

En los últimos años se ha generalizado el uso de @ para reemplazar la terminación de género (alumn@, discapacitad@). Dado que no es un signo lingüístico, no debe ser empleado en textos de lectura ni en espacios formales.

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Ilustración: PabloHevia.com

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