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7 Consejos para mejorar la Comunicación entre Padres e Hijos

Durante los años de la adolescencia, la comunicación entre padres e hijos se hace más difícil, incluso en aquellas familias en las que existía una buena relación durante la infancia. Esta mayor dificultad en la comunicación es debida a la aparición de una serie de barreras de las que son responsables tanto los padres como los hijos.

Por una parte, las reservas del adolescente para hablar con sus padres son debidas a su necesidad de mantener la privacidad sobre sus asuntos personales. Además, el deseo de mantener unas relaciones más simétricas e igualitarias, puesto que ya «son mayores» , va a llevarles a discutir las ideas de los padres, a interrumpirles con más frecuencia, a no estar de acuerdo con ellos,…

Por su parte, los padres querrán seguir manteniendo con sus hijos el mismo tipo de relación que tuvieron durante la infancia, es decir, unos intercambios comunicativos más basados en sermonear o en dar órdenes que en un proceso real de comunicación en el que la escucha juega un papel tan importante como la propia expresión de ideas.

Además, y con demasiada frecuencia, los mensajes de los padres están cargados de críticas y continuas referencias a los errores cometidos por sus hijos, aspecto principal a evitar para conseguir una comunicación más positiva.

Y, aunque son muchos los temas que interesan y preocupan a los adolescentes, son precisamente estos temas los que suelen pasar a un segundo plano en la comunicación familiar, más centrada en cuestiones como las tareas del hogar, el mundo académico o la forma de vestir del joven, temas que, a menudo, suelen acabar en discusiones y conflictos.

 

 

Padres y madres deben hacer un esfuerzo para fomentar la comunicación con sus hijos en la adolescencia. Si bien durante la infancia chicos y chicas podían hablar con ellos espontáneamente, durante la adolescencia los padres deben esforzarse más por mantener una buena comunicación que sigue siendo imprescindible para crear un clima de apoyo y confianza que facilite la seguridad y el ajuste psicológico y social del hijo en crecimiento.

 

Algunos consejos prácticos para mejorar el afecto y la comunicación:

 

1) Escucha lo que dice tu hijo o hija y déjale terminar

Dejar que tu hijo hable, que diga lo que piensa o siente, es muy beneficioso para el buen funcionamiento de la familia y para su bienestar. Si no dejas que termine lo que quiere decirte y lo interrumpes porque piensas «ya sé lo que me va a decir» nunca sabrás qué ideas tiene ni cómo se siente.

2) No critiques, no juzgues, no culpabilices

No eres un juez. Si te dedicas a sancionar su conducta de forma constante estás poniendo una barrera entre tu hijo y tú. Si está enfadado y te grita, puedes corregir su comportamiento con algo como: «ya veo que estás enfadado y me parece normal, pero si no me gritas me enteraré mejor. Cuando te calmes podremos seguir hablando».

3) No des lecciones

Tendemos a decir a nuestros hijos lo que deben hacer. Es mucho más útil y beneficioso que les enseñes a buscar soluciones, que razones junto a ellos los pros y contras de cada posibilidad.

4) Dale importancia a lo que te dice

A veces lo vemos preocupado por un asunto que para nosotros no tiene la menor importancia y podemos pensar «no son más que tonterías, cuando sea mayor se dará cuenta…» Si cuenta contigo para hablar de sus cosas, dale importancia, valóralo. Si no le das importancia a lo que quiere contarte, probablemente en el futuro deje de hablarte de las cosas que le importan.

5) Enséñale a comunicar sus sentimientos

No es suficiente preguntarle qué ha hecho sino también cómo se ha sentido. Puedes ayudarle a que entienda qué siente preguntándole «¿está enfadado o triste?» o diciéndole «yo estoy orgullosa ¿y tú?». Todos tenemos que aprender a expresar nuestros sentimientos y los padres pueden y deben ayudar a sus hijos a ello.

6) Controla tus impulsos

Puede ocurrir que te cuente que ha hecho cosas que no te gustan, por ejemplo que ha faltado a una hora de clase porque no tenía ganas de ir. En estos casos, no te dejes llevar por los nervios; si reaccionan de forma impulsiva y no razonas con él, puede que la próxima vez no confié en ti y no te lo cuente. Evita los gritos, las amenazas, ordenarle lo que tiene que hacer. Cuando este más sereno, habla con él y explícale qué es lo que no te gusta.

7) Ya no es un niño

No lo olvides, se está convirtiendo en adulto, si lo tratas como tu niño pequeño, se sentirá avergonzado. Evita criticarlo, darle lecciones, invadir su espacio personal en todo momento y, especialmente, cuando esté con sus amigos y amigas.

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