Seriefilia o binge-watching, la nueva adicción contemporánea

Las tecnologías han revolucionado nuestras vidas. Actualmente podemos decir que los aparatos electrónicos, especialmente los teléfonos móviles pero también las televisiones con conexión a Internet o los ordenadores, ocupan un espacio muy importante en nuestras vidas. Y, no solo eso, sino que se han convertido en elementos fundamentales en casi todos los ámbitos de la vida y en el propio desarrollo de la humanidad. 

La era digital que estamos viviendo está alternando antiguas costumbres por costumbres nuevas, una circunstancia que ha supuesto claras ventajas y también evidentes desventajas para nuestro día a día. Y uno de los aspectos que más se han transformado con las nuevas tecnologías es el consumo de productos audiovisuales, tanto en el formato y el soporte como en las horas dedicadas a ellos, la periodicidad, la velocidad, el tipo de visionado que llevamos a cabo e incluso en el recuerdo y en el poso que nos pueden dejar estos productos culturales en la memoria.

Sin embargo, la relación de las tecnologías con las artes cinematográficas comienza mucho antes de lo que nos creemos. Concretamente desde 1895, el año en el que los hermanos Lumière presentaron la primera película en París. A partir de ahí, el entretenimiento audiovisual ha ido aumentando sus producciones llegando a ser consumidas por una gran parte de la población mundial de forma masiva en forma de superproducciones. 

Es cierto que el estreno tanto de películas como de series en plataformas streaming ha provocado en la última década un gran dilema entre las productoras, que han visto alteradas sus ganancias. De hecho, el auge de empresas multinacionales que ofrecen sus catálogos bajo modelos de suscripción como Netflix, Amazon Prime, Disney +, HBO, Rakuten TV ha supuesto una gran amenaza para las salas, ya que la mayor parte de su público se ha vuelto mucho más selectivo a la hora de acudir físicamente a los cines. 

En este mismo sentido, para muchos usuarios cotidianos de estas plataformas de streaming, la adicción a las series es una realidad y se ha vuelto un problema que cada vez resulta más preocupante. Es cierto que se trata de una adicción conductual, es decir, no está relacionada con ninguna sustancia directamente nociva para el organismo, como por ejemplo sucede con el alcohol y otro tipo de estupefacientes, sino que está relacionada con nuestras actividades

Las 4 características clave de la seriefilia o binge-watching

  1. Uso excesivo: En el caso de las series, por ejemplo, se pierde la noción del tiempo capítulo tras capítulo. Se llega a la necesidad de que cuando se acaba una serie o una película, se tenga que empezar otra de forma inmediatamente sucesiva para llenar esa suerte de vacío. De hecho, según un estudio más de ocho millones de usuarios habían terminado una temporada entera en menos de 24 horas después de su estreno.
  2. Abstinencia: Se relaciona con la necesidad de ver la serie, así como con imaginar cómo y cuándo se producirá ese visionado, esperando ese momento de manera estresante o excesivamente expectante. Además, se incluyen sentimientos de tensión, ira, rabia o tristeza en ese proceso si en la plataforma hay problemas técnicos o el episodio no está subido en el instante esperado.
  3. Tolerancia: Hablamos de tolerancia a la adicción, a la estimulación que produce, a sus efectos, cuando una persona que tiene una adicción a las series o a las películas necesita pasar cada vez más horas delante de la pantalla para saciar sus deseos, a su vez, cada vez más insaciables progresivamente.
  4. Repercusión negativa en el día a día: Como aspecto final se termina por generar una pérdida de control que suele acarrear discusiones con la pareja o la familia, aislamiento social, falta de concentración, insomnio o incluso cambios en el estado de ánimo muy patentes.


Asimismo, hay que tener en cuenta que algunas de las características intrínsecas de las series tienden precisamente a
generar adicción. En parte, esto es debido a los llamados cliffhangers, un recurso utilizado para finalizar cualquier capítulo en un pico de tensión narrativa alto, con el objetivo de crear en el espectador la necesidad de darle al play para ver el siguiente episodio de forma inmediata. También se ha creado en las plataformas la propuesta reproducción automática, es decir, al terminar un capítulo empieza el siguiente directamente, a no ser que el usuario lo detenga en un periodo limitado de cinco o diez segundos.

Por otro lado, es cierto que las secuelas de la adicción a las series o a las películas pueden afectarnos a distintos niveles. Algunas de las consecuencias pueden ser directas como el sedentarismo que podría conllevar. Por otra parte, también puede propiciar falta de sueño y fatiga o hasta una mala alimentación, sobrepeso, dolores musculares y problemas cardíacos. Además, como efectos menos evidentes, la seriefilia también puede tener un impacto negativo a nivel cognitivo, deteriorando la capacidad de atención y concentración. 

En un plano  emocional, esta adicción puede llegar a provocar insatisfacción personal, ansiedad, sensación de vacío e incluso problemas depresivos y hay personas en las que puede derivar en problemas generales de autocontrol y conductas impulsivas.

¿Qué hacer si notamos síntomas de adicción a las series?

El primer paso es darse cuenta de que hay algo que no funciona bien. Las primeras personas que se suelen dar cuenta son con las que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo: familiares, parejas, compañeros de piso… Ellos son quienes pueden darnos la voz de alarma. 

Por otro lado, los expertos consideran que en términos prácticos lo idóneo es quedar con otra gente, dedicar tiempo a actividades deportivas y al aire libre en caso de notar los primeros síntomas. Hay una regla efectiva que es limitarse de antemano a un número limitado de capítulos por visionado y cumplirlo a rajatabla.

Cabe destacar que cuando consumimos cultura, muchas veces, al cabo de un tiempo, olvidamos de qué trataba el libro, el argumento de la película o el hilo narrativo de la serie y solamente conseguimos quedarnos con el hecho de si nos gustó o no. A este proceso se le conoce como “curva del olvido” y suelen notarse sus efectos durante las primeras 24 horas después de aprender algo nuevo. 

Respecto a la cantidad de información que olvidamos esta varía, obviamente, en función de la cantidad de material que visionamos, por ello, con la tendencia actual a un consumo audiovisual masivo, es frecuente recordar un porcentaje cada vez más pequeño del contenido

Las personas consumimos entretenimiento de una forma muy diferente a como lo hacíamos hace poco más de una década, una circunstancia que también afecta a la información con sus particularidades, y por ello ha cambiado el tipo de memoria con la que valoramos y retenemos aquello que observamos

A pesar de que la inmensa mayoría de las veces una acción tan cotidiana y aparentemente inofensiva como es el hecho de ver series o películas no es más que una búsqueda de entretenimiento o que denota un cierto interés cultural, su consumo desmedido y masivo puede tornarse en un problema o, incluso, en casos extremos, en una patología.

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