El uso del móvil en las aulas: así se regula en España

La utilización recurrente o la prohibición absoluta de las nuevas tecnologías y en concreto del teléfono móvil en los colegios e institutos lleva siendo durante mucho tiempo un punto de debate conflictivo y con opiniones opuestas dentro del ámbito educativo español. Es evidente que el uso interactivo de pantallas y la cotidianeidad de los alumnos con este tipo de dispositivos puede ser una herramienta formativa excelente a nivel didáctico, pero también un foco de distracción de cara a la concentración en el estudio y en la materia impartida por el profesor.

La realidad es palmaria: actualmente es prácticamente imposible controlar que los estudiantes no acudan a clase con su teléfono móvil. Sin embargo, al contrario que en países como Francia donde el uso del móvil en las aulas está legislado a nivel estatal, en España este tipo de competencias educativas dependen de cada Comunidad Autónoma. La inmensa mayoría de las regiones otorgan libertad de cátedra y flexibilidad normativa a los propios centros para que sean ellos los que, obviamente dentro de un marco que favorezca en todo caso un aprendizaje complementario, regulen con autonomía sobre la cuestión.

Únicamente los gobiernos de Galicia y de la Comunidad de Madrid han decidido tomar parte de forma directa y aplicar medidas concretas para controlar la presencia de los móviles entre los alumnos. El Ejecutivo gallego, a través de un decreto que entró en vigor en 2015, prohibió completamente la utilización del smartphone y de cualquier otro dispositivo electrónico durante los períodos lectivos, aunque el artículo en cuestión añade: “excepcionalmente, los centros podrán establecer normas para la correcta utilización como herramienta pedagógica”. Es decir, lo permite como recurso puntual, pero no como instrumento habitual.

En ese mismo sentido ha actuado el Gobierno de la Comunidad de Madrid, que el pasado mes de diciembre hizo pública la prohibición de los móviles en los colegios públicos y concertados bajo su administración, de cara a una mejora de la concentración y de los resultados académicos y también como una medida enfocada a la lucha contra el acoso escolar. Una norma que entrará en vigor de cara al próximo curso 2020-21. Y va un paso más allá: ni siquiera se podrá utilizar en los periodos de recreo, permitiendo al equipo docente de cada centro la retirada de los dispositivos a los estudiantes que no acaten la normativa. Las únicas excepciones serán para los proyectos en los que su uso sea explícito y para los estudiantes que los necesiten por motivos de salud o discapacidad.

En el punto de vista opuesto, a pesar de no haber aplicado por el momento ninguna directriz a nivel legislativo al respecto, se encuentran gobiernos como el de Andalucía, el de la Generalitat Valenciana o el de Cataluña que fomentan, incluso de forma proactiva, la utilización de los móviles y de las tabletas como herramientas formativas. Sin ir más lejos, el Consejo Escolar catalán considera que estos pueden jugar un papel positivo “en la mejora de la enseñanza y de los aprendizajes de las diversas áreas curriculares” y servir de elemento atractivo para enfatizar la motivación por aprender y por adquirir nuevos conocimientos por parte de los alumnos.

El Gobierno español, a través de la ministra Isabel Celaá, se mantiene en la línea de actuación mayoritaria actualmente para que continúen siendo las propias directivas de los colegios e institutos las que regulen la utilización de los smartphones y del resto de pantallas interactivas y dispositivos portátiles a nivel interno. “Los teléfonos móviles como soporte ayudan, pero no para distraerse en el aula“, declaró recientemente la responsable de la cartera de Educación.

En definitiva, el uso o no de los móviles en las aulas continúa siendo un asunto con disparidad de criterio entre estudiantes, padres, profesores, centros y las diferentes consejerías de Educación, aunque los primeros gobiernos autonómicos ya han decidido que regular sobre su utilización, desde una óptica más o menos laxa, comienza a ser necesario por su inevitable y masiva presencia entre los alumnos.

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