La terapia ocupacional en la rehabilitación de pacientes con COVID-19

La Federación Mundial de Terapeutas Ocupacionales (WFOT) define la Terapia Ocupacional como “la contribución valiosa al desempeño ocupacional en beneficio de la salud y el bienestar de las personas”. La misión de esta profesión consiste en promover su uso y práctica a nivel mundial, demostrando su relevancia y contribución a la sociedad.

Además, esta organización a escala mundial, respalda la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, vela por la plena garantía del bienestar de toda la población, destacando también entre sus cometidos la inclusión de los colectivos en situaciones de pobreza, enfermedad, discriminados, víctimas de conflictos armados, de desastres naturales o de aquellos provocados por el hombre.

Las terapias vinculadas a la actividad y el movimiento han estado presentes desde el principio de los tiempos en diversas civilizaciones. Ya en un época más reciente, durante la II Guerra Mundial, esta profesión emerge y es reconocida de manera oficial, otorgándole definitivamente su valor en el tratamiento de diversas patologías.

Los auxiliares especializados en “reconstrucción”, que ya habían comenzado su labor tras la I Guerra Mundial, fueron los primeros en tratar las incapacidades físicas dentro del ámbito científico. Utilizaron dispositivos, técnicas y métodos que favorecían la fuerza, el grado de movilidad, la estimulación o las destrezas interpersonales tanto en el tratamiento como en la prevención de un amplio abanico de enfermedades.     

Desde entonces, capacitar a las personas y adaptar sus entornos para participar en las actividades de su vida diaria se ha convertido en la labor profesional de los más de medio millón de terapeutas ocupacionales que ejercen como tal a lo largo del planeta. La optimización de las capacidades de sus pacientes puede llevarse a cabo en hospitales y centros de salud, pero también es fundamental su intervención en los domicilios, lugares de trabajo, escuelas o residencias de ancianos, entre otros. 

La mediación en las rutinas cotidianas de estas personas es crucial para modificar sus entornos, teniendo como objetivo la búsqueda y mejora de su participación en los mismos, en su día a día, en sus rutinas y en su cotidianeidad. De manera que estos profesionales sociosanitarios se encargan de la recuperación, adaptación y promoción en numerosos y variados ámbitos.

En este sentido, su campo de actuación va desde la rehabilitación geriátrica, neuronal, física, laboral y psicosocial hasta la atención temprana o la estimulación pediátrica, pasando por otros muchos áreas como son las adicciones, la diversidad funcional, el apoyo y la adaptación al entorno, la salud mental o la docencia e investigación

La participación de este sector del sistema sanitario en la crisis del COVID-19 ha sido fundamental en la mejora de la salud de los contagiados por el virus. Aunque la labor de la Terapia Ocupacional en numerosas ocasiones haya sido en parte invisibilizada, no ha sido un impedimento para que haya mejorado condiciones adversas y reducido al mismo tiempo los impactos en inmovilizaciones prolongadas en pacientes ingresados en Unidades de Cuidados Intensivos.

Estos profesionales también han contribuido a la recuperación de la autonomía para facilitar el proceso de las altas, a la readaptación domiciliaria tras el periodo de la hospitalización y a la reinserción en las rutinas tras la alteración de determinadas funciones y las complicaciones derivadas de la convalecencia. 

La mayoría de los pacientes de COVID-19 que han superado la enfermedad arrastran una serie de secuelas físicas, cognitivas, sensoriales, respiratorias e incluso emocionales, de las que aún no se tiene demasiada información, que pueden afectar a su recuperación tanto a corto como a largo plazo.

Por lo tanto, las intervenciones realizadas por los terapeutas ocupacionales en la búsqueda de la recuperación de los pacientes que han padecido COVID-19 estarán adaptadas a sus necesidades específicas, pero perseguirán los siguientes 10 objetivos:

  1. Adaptación física y cognitiva al entorno domiciliario o familiar.
  2. Planificación, diseño y entrenamiento de las habilidades o destrezas perdidas.
  3. Evaluar y adecuar espacios cuando el paciente tenga tratamientos posturales concretos o limitaciones en la movilidad, eliminando las barreras que puedan limitar su autonomía.
  4. Utilización de técnicas y dispositivos de apoyo para actividades cotidianas como el aseo, la higiene, la alimentación o las labores del hogar.
  5. Mejorar destrezas sensoriales y motoras, trabajando en los déficits específicos
  6. Explicar e instruir a los familiares o cuidadores del enfermo cómo manejarle, fomentar su autonomía y favorecer su recuperación.
  7. Apoyo psicosocial del paciente, tratando de reinterpretar limitaciones y contribuyendo al aumento de su motivación y mejora del estado de ánimo. 
  8. Informar y potenciar nuevas formas de ocio que el paciente puede practicar, así como las medidas de seguridad y sanitarias específicas que debe cumplir en su ejecución.
  9. Enseñar y entrenar técnicas de conservación de energía para favorecer la productividad en enfermos con propensión a la fatiga. 
  10. Explicar métodos de relajación, respiración y meditaciones sencillas para que el paciente sepa aplicarlas tanto en su día a día como en respuesta a situaciones de estrés. 

FORMACIÓN RELACIONADA: Curso de Principios y Técnicas en Terapia Ocupacional

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