Si somos parte del problema, tenemos que ser parte de la solución

Con motivo del Día de la Tierra, el doctor en antropogeografía Anthony Leiserowitz se une en la conversación a Tristan Harris y Aza Raskin en un nuevo podcast de Your Undivided Attention. El director del Yale Program on Climate Change Communication sostiene que las plataformas tecnológicas moldean nuestra percepción de lo que sucede en el mundo y explica las devastadoras consecuencias de esta acción cuando no se lleva a cabo beneficiando los objetivos correctos. 

En publicaciones anteriores de esta serie de reflexiones ya hemos aludido a la idea de que las redes sociales persiguen mantener a los usuarios el máximo tiempo posible conectados. Estas formas de comunicación y relación humana albergan problemas reales y cotidianos para las personas y su entorno. La difusión y el debate sobre temas como el cambio climático o el COVID-19 encuentran en las redes sociales un escenario para intercambiar opiniones. ¿Cómo afecta esta proyección a la percepción humana del conflicto?

Cuando se habla de cambio climático siempre se culpa de él al comportamiento humano, nos limitamos a hablar de los síntomas sin prestar atención a las decisiones y elecciones que lo causan. El cerebro humano coordina el sistema analítico y experimental, es decir, aunque intentemos ser lo más racionales posibles seguiremos estando muy influenciados por nuestra parte emocional. Esto constituye una amenaza, ya que provoca que nos guiemos por nuestras propias experiencias, lo que resulta especialmente peligroso cuando se aplica en temas importantes como con el COVID-19, por ejemplo, que van mucho más allá de nuestro círculo cercano. 

Cuando la pandemia comenzó hubo una tendencia generalizada y colectiva, guiados por nuestra faceta más emocional, que nos llevó a pensar que el virus no era una realidad o que no era tan grave. Sustentamos esta teoría en el simple hecho de que por no verlo o no vivirlo en primera persona se trataba de un problema menor o incluso inocuo y exagerado. Comentan los expertos en el podcast que si el CO₂ fuera de algún color o perceptible a la vista tomaríamos medidas muy diferentes contra el cambio climático. 

Existen patrones de comunicación humana que ponen en peligro a la sociedad al extrapolarse a redes sociales, como son el storytelling y la comunicación horizontal. Desde que el mundo es mundo los seres humanos nos guiamos por las experiencias que otros nos cuentan. Aristóteles afirmó que somos seres sociales influenciados por nuestro entorno y actualmente seguimos sin poder desmentirlo.

Los acontecimientos que han ocurrido en los últimos tiempos han vuelto a dar un giro de 180º a los patrones de comunicación humana. Sin ir más lejos, el confinamiento nos obligó a ver el mundo a través del telescopio de la tecnología. Y una vez situados todos dentro del embudo que no nos permite desviar la mirada, podemos derivar en diferentes tendencias de actuación social e implantación de nuevos valores. 

La polarización de opiniones o los movimientos negacionistas están muy presentes en las redes sociales. Las tendencias antisociales o contrarias al bien común suelen representar un porcentaje muy pequeño pero muy ruidoso, creando una falsa sensación de poder y la disonancia cognitiva del usuario. Lo cierto es que el cambio que solucione los grandes problemas del mundo debe partir de las infraestructuras, del sistema global, porque de nada valen las aportaciones individuales si no se hacen también a nivel social.

Y llegados a este punto, la responsabilidad de las plataformas tecnológicas reside en garantizar una comunicación efectiva que contribuya a la coordinación, a la divulgación y al cambio, en lugar de fomentar la incertidumbre, la desconfianza, las fake news y el clickbait. Ya existen herramientas como los hashtags, donde se crean comunidades conciencias o interesadas sobre un mismo tema. A pesar de ello, las redes podrían llegar mucho más allá.

En el podcast del Center for Human Tecnology proponen implementar estrategias que incluyan progresos, logros y acciones en beneficio del medioambiente por parte de las empresas. Harris lamenta que, al menos hasta ahora, la televisión y los medios de comunicación han sido una de las fuentes encargadas de contarnos historias sobre la realidad del mundo, pero ¿podemos fiarnos de un narrador que trata de destruir y calibrar nuestro sentido de la realidad a favor de sus propios intereses?

La reflexión que nos gustaría abordar en esta ocasión es: ¿cuánto influyen las opiniones y experiencias de nuestro círculo social cercano en la percepción de la realidad global? ¿Nos guiamos más por las informaciones u opiniones que recibimos por parte del entorno virtual o por el real? ¿Las comunidades online fomentan valores como la solidaridad y la cooperación frente a movimientos negacionistas o conspiratorios?

¿Utilizamos adecuadamente las redes sociales para luchar contra problemas como el cambio climático o la COVID-19? ¿Es casual que lleguen a nuestros perfiles fake news o clickbait? ¿Estamos preparados para identificarlas? ¿Es posible conocer la realidad del mundo sin que algo o alguien moldee nuestra percepción dándole la forma que más le convenga? ¿Qué papel deberían tener los Gobiernos en la garantía de información veraz, contrastada e imparcial?

CAPÍTULO ANTERIOR: Las redes sociales, un escaparate de captación para grupos extremistas

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