Nuestra atención, un producto de compraventa

Tim Wu, abogado, profesor en la Universidad de Columbia, académico, ensayista y actualmente asesor de Tecnología y Política de Competencia en el Consejo Económico del presidente Joe Biden, acompaña a Tristan Harris y a Aza Raskin en un nuevo episodio de los Podcast de Your Undivided Attention.

El autor de “The Attention Merchants” y “The Curse of Bigness” nos sumerge en las oscuras tácticas persuasivas de los modelos informativos y la prensa amarillista. De esta forma consiguen explicar en el capítulo “When attention went on sale”  qué papel han tenido estas técnicas informativas en la creación de valores éticos y sociales a través de los medios de comunicación, la propaganda y las recientes redes sociales. 

El autor, en su primer libro, explica cómo durante el siglo XIX el sistema de prensa comenzó una carrera hacia la conquista del control de los cerebros humanos. Lo sorprendente es que esta competición llegó a su fin cuando el público consideró que era suficiente, cuando se dieron cuenta de que estaban siendo engañados y manipulados. 

El hecho de no conocer nuestra historia nos condena a repetirla y los expertos que participan en el podcast encuentran bastantes aspectos que analizar en acontecimientos históricos pasados de los que podemos aprender mucho a la hora de enfrentar los nuevos retos de las plataformas tecnológicas. 

Con la prensa de centavo y sensacionalista se empezó a comerciar con una mercancía que hasta ese momento no parecía tan valiosa: la atención. La ingeniosa idea de bañar las páginas de los periódicos con anuncios comenzó en esta etapa, con el Benjamin Day, y se sigue usando en nuestros tiempos, reconvertida ahora en una versión mucho más persuasiva, virtual y globalizada

Cuando el resto de periódicos americanos de los años 30 se sumaron a la idea de negocio que revendía a los anunciantes la atención de su audiencia, la competitividad se volvió insostenible. Fue entonces cuando comenzó el amarillismo, la prensa sensacionalista que exageraba, insultaba e incluso inventaba cualquier asunto con el fin de mantener la atención

Afortunadamente, a principios del siglo XX el colectivo profesional quiso poner fin a los abusos de poder de los grandes medios y redactaron un código ético, moral y deontológico que los periodistas debían respetar y aplicar en el ejercicio de su actividad profesional. 

La radio fue un arma de doble filo porque permitió a la gente sentir que el presidente estaba hablando en el salón de tu casa, convirtiéndose en una de las herramientas más utilizada por regímenes fascistas y totalitarios, en los que por ley se obligaba a los ciudadanos a escucharla. Cuando dejó de usarse con estos fines políticos y propagandísticos parecía impensable que en las salas de estar de todas las casas fueran a sonar anuncios que te animaban a comprar perritos calientes, parecía una idea descabellada que nunca iba a llegar a materializarse porque el público jamás lo aceptaría. 

Sin embargo, cuando la publicidad en la radio y especialmente luego en la televisión comenzó a popularizarse, se creó un arma capaz de fulminar la captación de atención: el mando a distancia. A partir de ese momento se otorgó al espectador la posibilidad de hacer zapping, creando la falsa concepción de toma de control cuando en realidad su objetivo es fragmentar la atención reconduciéndonos a otro canal, sin abandonar la ‘caja tonta’ a pesar de tener botón de apagado. Pero, ¿cuántos anuncios necesitamos para que el mundo funcione?

Tristan Harris responde a la pregunta afirmando que “Facebook rebatiría que necesitamos unos cuantos” y Tim Wu asegura que “no necesitamos ninguno”. Hemos llegado a un punto en el que hemos asumido un papel dócil y permitimos que los grandes monopolios tengan el control de la infraestructura de masas, concentrando el dominio del sistema económico y de la atención. Tenemos mucho miedo del poder de las tecnologías, pero no tanto como de otras grandes industrias, como por ejemplo la farmacéutica o la telefonía.

La toma de conciencia sobre la peligrosidad de la tecnología ha aumentado por tenerla en nuestros bolsillos y manos durante las 24 horas del día. Además, han devuelto el sensacionalismo “periodístico” al permitir a cualquiera publicar lo que se le antoje sin ningún compromiso con la divulgación de informaciones veraces, honestas e imparciales y ningún código deontológico que regule la moralidad de las publicaciones en la red. Por otra parte, las plataformas como Facebook nunca han explicado por qué incluyen propaganda política en su escenario virtual. 

Tim Wu propone convertir la tecnología en una profesión que cuente con un código ético como el de los periodistas, los abogados o los médicos. Estos profesionales y propietarios de las grandes empresas de tecnología concentran demasiado poder que repercute directamente sobre la vida de las personas. 

Por esos motivos, Wu ve un momento clave para comenzar una nueva generación en la que “las redes sociales tengan como único objetivo conectar y ayudar a las personas”. Provocar el punto de inflexión a partir del cual se acabe con la idea real y verídica de que las empresas tecnológicas se adueñan de nuestro tiempo y nuestra atención y a su vez los revenden con fines publicitarios y comerciales. 

¿Crees que la sociedad actual está preparada para reconvertir el uso de las redes sociales hacia los objetivos que propone Tim Wu? ¿Está bien que todos los usuarios puedan publicar informaciones sin garantizar que estas hayan sido contrastadas o verificadas? ¿Deben las redes sociales ser espacios de debate sobre política? ¿Conseguiremos conectarnos con otras personas de manera sana y establecer vínculos morales beneficiosos que no persigan objetivos económicos o persuasivos a través de internet? ¿Cómo crees que podemos contribuir a este cambio de paradigma desde nuestra posición de usuario de redes sociales? ¡Cuéntanos tus sensaciones, tus propuestas o tus preocupaciones al respecto!

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