Necesidad de los conflictos entre padres y adolescentes

La adolescencia es el periodo de transición que vive el individuo desde la infancia a la edad adulta y se caracteriza por importantes cambios físicos, psicológicos y sociales.

Una de las características de la adolescencia que más nos preocupa son los conflictos familiares y, aunque es un hecho innegable que en la adolescencia existen conflictos producidos por estos cambios y que, esta consideración de la adolescencia como etapa conflictiva ha existido siempre, las relaciones entre padres y adolescentes dista mucho de ser un campo de batallas como muchos medios de comunicación nos presentan.

Sabes que estas palabras… «La juventud de ahora ama el lujo, tiene pésimos modales y desdeña la autoridad. Muestran poco respeto por sus superiores y prefieren insulsas conversaciones al ejercicio. Son ahora los tiranos y no los siervos de sus hogares. Ya no se levantan cuando alguien entra en casa. No respetan a sus padres. Conversan entre sí cuando están en compañía de sus mayores» se atribuye a Sócrates en el siglo IV a. de C.

Así, a pesar del aumento de la conflictividad que suele acompañar la llegada de la adolescencia, la mayoría de las familias superan los complicados momentos iniciales de la pubertad y primera juventud alcanzándose un nuevo equilibrio familiar, satisfactorio para padres e hijos.

Pero, ¿por qué se producen más conflictos en esta etapa? Algunos de los factores que influyen son:

  • Cambios hormonales. Las hormonas sexuales testosterona, progesterona y estrógeno que aparecen en la adolescencia y que son las responsables de los cambios corporales también tienen influencia sobre los estados emocionales del adolescente y así, sus continuos cambios de humor repercuten de forma negativa en las relaciones con los que les rodean.Además, los comienzos de la actividad sexual puede inclinar a muchos padres a ser más restrictivos y controladores con respecto a las salidas y amistades de los hijos, todo ello en el mismo momento en que estos buscan una mayor autonomía, con lo que los enfrentamientos serán más frecuentes.
  • Cambios cognitivos: aparición del pensamiento operativo formal, que permite al adolecente razonar sobre situaciones posibles o hipotéticas, y darse cuenta de que la realidad es sólo una pequeña parte de lo posible.Los niños y niñas más pequeños tienden a pensar que las cosas no pueden ser de forma diferente a como son. En cambio, a partir de la adolescencia, se desarrollan mecanismos cognitivos que propician una mejor comprensión de las ideas sociales y políticas, y serán capaces de pensar que la sociedad podría ser diferente, y por tanto, se podría cambiar.Este cambio de pensamiento les permite mostrarse más críticos con las normas y regulaciones y más rebeldes con las personas que les obligan a cumplir esas normas, es decir, padres y profesores, lo que en muchos casos puede ser una fuente inagotable de conflictos. El típico por qué tiene que ser así, por qué no puede ser de otra manera más justa.Además, estas nuevas capacidades intelectuales les permiten emplear en sus discusiones argumentos cada vez más sólidos y convincentes, lo que puede pillar por sorpresa a muchos padres y generarles mucha irritación y pérdida de control. El típico pero qué se ha creído el mocoso este, ¿¡ que sabe más que yo!?, cuando en realidad es que los adolescentes ya saben pensar como los adultos, pueden argumentar y pueden rebatirnos nuestros argumentos que, por otra parte, no son los únicos.
  • Desvinculación emocional de los padres. Para que adolescentes vayan ganando autonomía personal se requiere una desvinculación emocional de los padres que resulta más fácil si se buscan defectos a los mismos. Así, se produce una desidealización del padre y madre de forma que la imagen de perfección propia de la infancia es sustituida por una más realista.Esta desvinculación, necesaria para que pueda crear otros vínculos propios de la edad adulta y «abandonar el nido» representa una señal de madurez emocional por lo que, las críticas que los padres recibimos por parte de los adolescentes deben ser consideradas como un indicador madurativo y no como ataques personales.Al igual que cuando nuestros niños pequeños nos veían como “supermadres o superpadres” puesto que necesitaban sentirse seguros y crecer tranquilos pero nosotros sabíamos que no se correspondía con la realidad sino con una idealización propia de la infancia, con nuestros adolescentes ocurre lo mismo. El proceso de desidealización, que además resulta más fácil si se buscan los defectos, es una etapa psicológica necesaria para nuestros adolescentes.
  • El aumento del tiempo que pasan con el grupo de iguales va a permitir al adolescente una mayor experiencia en relaciones igualitarias y toma de decisiones compartidas, lo que les llevara a desear un tipo de relación similar en su familia, lo que no siempre será aceptado de buen grado por unos padres que se resisten a perder autoridad.
  • La crisis de la mitad de la vida. Aunque resulta habitual analizar sólo los cambios que se producen en el adolescente, la perspectiva sistémica analiza los conflictos familiares desde la relación entre los diferentes miembros de la unidad familiar ya que la conducta de un miembro de la familia afecta o está relacionada con el total de miembros de la familia.

Así, aunque en las familias con adolescentes las trasformaciones en relación a estos son las más relevantes los progenitores también están sujetos a cambios, coincidiendo habitualmente la pubertad de los hijos con la etapa de los 40-50 años de los padres. Este periodo, denominado por algunos autores crisis de la mitad de la vida, ha sido considerado como un momento difícil y de cambios significativos para muchos adultos lo que podría suponer una dificultad añadida a las relaciones entre padres e hijos durante la adolescencia.

Los conflictos en la adolescencia no son malos.Según estudios longitudinales, es decir, aquellos estudios que recogen datos sobre un grupo de sujetos, siempre los mismos, en distintos momentos a lo largo del tiempo, realizados en un grupo de 100 adolescentes desde los 13 hasta los 23 años, se ha confirmado que aquellos adolescentes que declararon tener más conflictos con sus padres a los 13 años fueron quienes mostraron un mejor ajuste psicológico al final de la adolescencia.

Así, estos estudios nos vienen a indicar que los conflictos entre padres-hijos en la adolescencia son necesarios para el desarrollo de la independencia de los hijos y para la creación de una identidad y autoestima sólida.

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