La importancia de la intervención con menores en la adolescencia

La adolescencia es una etapa de construcción de la propia identidad y es crucial en el desarrollo de la personalidad, además de ser una época llena de cambios, lo que puede generar algunos problemas de control de las propias emociones.

En algunos casos, los problemas emocionales y conductuales generan situaciones de gran tensión en la propia familia, incluso llegándose a sobrepasar ciertos límites.

Desde la perspectiva de los profesionales y de los padres cuyos hijos han sobrepasado estos límites, podremos examinar aquellos aspectos que están influyendo en la construcción de la identidad y personalidad de los jóvenes de hoy, y en cómo este tipo de procesos pueden llegar a ser un problema no sólo para el menor sino también para su entorno.

Actualmente nos vemos inmersos en una etapa donde todo tiene una gran visibilidad y donde la información está al alcance de todos. En este sentido, una de las cosas que marca la actitud tanto de los propios jóvenes como del resto de la sociedad es la tendencia a poner etiquetas globales a las generaciones actuales (términos como generación ni-ni, generación perdida, millennials, generación Z, etc.).

Estos estereotipos, a la larga, actúan como factores de riesgo y hacen que la juventud termine interiorizando que realmente no tiene gran valía y que, por ejemplo, no vale la pena estudiar si no hay trabajo a corto o medio plaza para ellos. Dar tanta mala fama a este colectivo ha logrado que ellos mismos asuman que no tienen recursos, ni en muchos casos, salidas a la altura de sus expectativas.

Otro factor clave es la cultura de la inmediatez en la que nos vemos inmersos y por la que los jóvenes aprenden desde pequeños que pides y te dan; una circunstancia que se termina generalizando en todos los aspectos de su vida y crea una evidente intolerancia a la frustración que desata la rabia.

Estos son términos y casuísticas que estigmatizan a todo un colectivo y que orientan la forma en la que la sociedad actúa ante ellos y que, a fin de cuentas, actúan también como factores de riesgo en su propio desarrollo. De hecho, de todas las manifestaciones posibles, la violencia filio-parental es, tal vez, la manifestación más desproporcionada y que suele ser el punto de inflexión habitual para plantearse una intervención.

El trabajo con las emociones es básico en la intervención con adolescentes, no sólo con su reconocimiento y aceptación, sino también simplemente potenciando su manifestación, ya que en estas edades se tiende a ocultar las emociones o a mostrarlas de una forma totalmente desbordada.

Este trabajo es necesario realizarlo primero con las familias, ya que los problemas de comunicación y la falta de normas en el ámbito del hogar son los grandes problemas que se encuentran los profesionales que abordan estos casos.

Una de las formas de intervención más eficaces que podemos llevar a cabo como profesionales sería actuar directamente sobre la construcción conjunta entre los jóvenes y sus familias, propiciando entornos beneficiosos para ambos, sin embargo, esta labora es un trabajo constructivo y global donde todos los agentes están igual de implicados pero donde es el joven el que tienen que pasar a convertirse en el principal agente de cambio gracias a la ayuda de su mentor.

Y tú, ¿qué opinas sobre los jóvenes de hoy? ¿Cómo crees que podrían paliarse sus problemáticas generales a partir de la actuación conjunta en el ámbito doméstico, educativo y de la intervención profesional? ¡Cuéntanos tus impresiones!

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