Qué es la inteligencia emotiva y cómo educar en emociones

La educación emocional es un capítulo pendiente en la mayoría de etapas educativas. En las últimas décadas se ha ido tomando conciencia de la importancia de la salud mental y la gestión de sentimientos desde edades tempranas. La pandemia ha obligado a acelerar esta lenta evolución y a que el manejo de las emociones sea una tarea en la que trabajemos tanto pequeños como mayores. 

En los años 90, los psicólogos Salovey y Mayer definieron el término inteligencia emocional como “la habilidad para manejar los sentimientos y emociones, discriminarlos y acudir a ellos a la hora de dirigir los pensamientos y acciones”

Cinco años más tarde, el también psicólogo y escritor Daniel Goleman publicó el libro “Inteligencia Emocional”, con el que consiguió “viralizar” (antes de que esa palabra siquiera existiese) el manejo de sentimientos, aportó una perspectiva renovada y cambió el paradigma referente al aprendizaje de competencias emocionales. 

Uno de los aspectos que resaltan en mayor medida estos autores es la capacidad de mejora que presenta la inteligencia emocional a lo largo de la vida frente a la invariabilidad e imposibilidad evolutiva que caracteriza al coeficiente intelectual.

Desde que se empezó a hablar de la gestión de las emociones y la importancia de estas, la sociedad ha ido concienciándose de su importancia, aunque veinte años más tarde ha dado el boom definitivo. La Covid-19 ha traído incertidumbre, distanciamiento social, hemos dejado de ver a nuestros familiares y amigos, transformado rutinas y métodos de aprendizaje, pasado mucho tiempo en casa y en demasiados casos, perdido a seres queridos. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el pasado mes de marzo de 2020 un documento denominado “Consideraciones psicosociales y de salud mental durante el brote de Covid-19” en el que reconocía el estrés que estaba sufriendo la población a causa de la pandemia y en el que da recomendaciones a los diferentes grupos sociales para mejorar su bienestar emocional. 

Aconsejan a los padres que “si sus hijos tienen preocupaciones, abordarlas juntos podría disminuir la ansiedad. Los niños observarán comportamientos y emociones de los adultos para buscar señales que les indiquen cómo manejar sus propias emociones en los momentos difíciles”.

Son muchos los adultos que no han crecido en una educación emocional, pero nunca es tarde para identificar, conocer y aprender a gestionar lo que sentimos. Incluso recurrir a profesionales que nos enseñen estas herramientas está dejando de ser algo que nos avergüence o que queramos esconder a los demás. 

Cuidar nuestra salud mental y garantizar la de nuestros seres queridos ha  ascendido varios peldaños en la escala de preocupación de la mayoría de las personas. Dar importancia a este aprendizaje desde edades tempranas no solo ayudará a los niños a comprender e identificar sus emociones, sino a conocerse como personas. 

Tipos de emociones

Pueden definirse de infinitas maneras, tantas como personas las expliquen. En rasgos generales, podemos considerarlas como aquellos procesos que tienen lugar cuando suceden cambios en nosotros mismos o en nuestro entorno que nos provocan una reacción. 

La clasificación de las emociones se hace grosso modo en positivas y negativas y a todas ellas se les atribuyen funciones. Por ejemplo, el miedo, la ira, la tristeza y el asco tienen un propósito protector, de autodefensa o de rechazo, mientras que la alegría y la sorpresa nos aportan un ánimo positivo, de felicidad y de buenas sensaciones. Además de estas emociones primarias, encontramos otras derivadas que no son intrínsecas al ser humano, sino que se adquieren de forma cultural. Son el alivio, la culpa, el orgullo, la vergüenza, el desprecio o los celos.  

Puede parecer que las emociones negativas prevalecen y que debemos huir de ellas, pero esto es un pensamiento erróneo. Es una cara de la moneda que tenemos que saber identificar, analizar por qué nos sentimos así y qué podemos hacer para encontrarnos mejor. Además, existen infinidad de emociones positivas como la gratitud, la satisfacción, tranquilidad, confianza, ilusión, empatía, generosidad o tolerancia que podemos experimentar con diferentes grados de intensidad, pero que siempre nos harán sentir bien. 

Claves para educar en emociones

A pesar de que la inteligencia emocional tiene una base científica, cada uno vive sus sentimientos de una manera personal o particular. Esto no quita que se deba trabajar en las emociones para aprender a gestionarlas de manera sana y beneficiosa, consiguiendo el bienestar con uno mismo y como ser social. 

El aprendizaje y manejo de sentimientos es conveniente que empiece a edades tempranas y por ello proponemos 5 claves para educar en emociones.

  1. Reconocer nuestras propias emociones, explicarlas, ejemplificarlas y ayudar al niño a encontrar en ellas las suyas propias fomentará su empatía y les ayudará a comprenderlas. Puedes proponer reflexiones tipo “¿cómo me siento?”, “¿por qué me siento así?“, “¿cómo puedo expresar lo que me está pasando?“, “¿me está ayudando o perjudicando este sentimiento?“, “¿cómo puedo sentirme mejor?“, etc.
  2. Identificar la emoción que estamos sintiendo no es una tarea nada fácil. Para ayudar a los pequeños a exteriorizarlas y hablar de lo que sienten, podemos recurrir a herramientas como dibujar expresiones faciales, representar emoticonos, incluso bailar y cantar o diarios escritos para edades más avanzadas.
  3. La escucha activa de sus pensamientos creará un clima de seguridad y confianza con el que el niño se sienta cómodo expresándose y compartiendo miedos e inseguridades. Es muy importante animar a que muestren sus emociones, sean positivas o negativas, y que se sientan a gusto haciéndolo. Nuestra escucha activa, planteamiento de preguntas sobre las que deba reflexionar y resolución de dudas que pueda tener también contribuirá a la mejora de la gestión emocional.
  4. Fomentar la inteligencia intrapersonal, el conocimiento de ellos mismos. En la etapa infantil es muy recurrente usar cuentos para explicar emociones que sienten otras personas en otras situaciones. La representación mediante imágenes y personajes y el hecho de ver esos sentimientos en la piel de una tercera persona fomentan la empatía y ayudan a la comprensión.
  5. Las actitudes y aprendizajes que los niños absorben estarán muy marcadas por su entorno directo. Los modelos de conducta que les guiarán serán los que vean en sus padres, hermanos, amigos, compañeros de clase o niños con los que se relacione en el parque. Todos ellos sumarán experiencias que repercutirán en el desarrollo de su personalidad. Por ello, también será importante fomentar la autoconciencia, reflexionar sobre nuestras capacidades y empatía. Poder comprender nuestras relaciones con otras personas y los sentimientos que nos generan diferentes situaciones también será una parte fundamental de la alfabetización emocional. 

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