La exclusión social desde la perspectiva de género

La exclusión social desde la perspectiva de género

Durante mucho tiempo la perspectiva de género como factor de una posible exclusión social no se había tomado en cuenta hasta recientes estudios que empezaban a afrontar como los roles, estereotipos y la identidad de género, podían formar parte de aquellos factores sensibles hacia una exclusión social.

El término “Sexo”

Sexo es un término que hace referencia a las diferencias anatómicas y fisiológicas entre mujeres y hombres, son universales y coinciden en todo tiempo y cultura, siendo indiscutible que el ser humano es un sujeto bilógicamente sexuado, por lo que desde el punto de vista biológico hay diferencias entre hombres y mujeres.

Sin embargo, aunque no está demostrado que las diferencias biológicas impliquen por sí mismas capacidades, aptitudes o actitudes diferentes entre los individuos, estas diferenciaciones se convierten en uno de los primeros criterios que se tienen en cuenta para la interacción social, constituyéndose como una de las primeras claves utilizadas para hacer juicios sobre las personas y convirtiéndose en un organizador básico en todas las culturas y sociedades.

El término “Género”

Por su parte, el término género, del que existe una gran confusión terminológica y conceptual, se relaciona con los componentes no fisiológicos del sexo o aquellos aspectos cuya causalidad biológica no se ha demostrado, y que engloba todas las características que en la sociedad se consideran apropiadas para varones y mujeres.

Así, al hablar de género nos referimos a la construcción cultural que hace una sociedad a partir de las diferencias biológicas y mediante esta construcción se adscriben cultural y socialmente aptitudes, roles sociales y actitudes diferenciadas para hombres y mujeres atribuidas en función de su sexo biológico.

La historicidad del sistema de género, es decir, el hecho de que evolucione a lo largo del tiempo o que varíe en culturas distintas, se convierte en una garantía para su transformación puesto que no es esencial a la naturaleza humana.

Actualmente el género se concibe de diferentes formas que se relacionan con las diferentes actuaciones de integración social en caso de discriminación por razones de sexo-genero:

Consideración del género como una diferencia esencial, es decir, mujeres y hombres son esencialmente diferentes. Desde esta concepción, los estereotipos y las esferas separadas de actividad están legitimados.

Consideración del género como sistema de creencias. Enfatiza la idea de que el género es una construcción social y se centra en las representaciones de relación hombre-mujer en una cultura dada en un tiempo histórico. El género es en realidad un sistema de clasificación social. Así, en las sociedades patriarcales, y con la finalidad de mantener la hegemonía de los hombres en los órganos de poder y preservar las situaciones de dependencia de las mujeres respecto de los hombre, se atribuye a hombres y mujeres papeles distintos en función de su sexo.

Consideración del género como expresión de las relaciones de poder. Sostiene que las relaciones de género se basan en diferentes asimetrías: de estatus, de poder, sociales, de acceso a recursos,… Las intervenciones para evitar discriminación vendrán mayoritariamente de procesos personales y colectivos de reflexión y empoderamiento.

Los roles de género

A lo largo del proceso de socialización y según el sexo: hombre o mujer, se aprenden y ponen en práctica una serie de comportamientos aceptados como femeninos y/o masculinos, que van a ser considerados como apropiados o no, favoreciendo o no la integración a la sociedad de referencia.

Estos comportamientos es lo que se ha denominado como roles de género, y están directamente relacionados con el reparto de tareas entre mujeres y hombres.

Por ejemplo, a las mujeres se les asignan unos roles vinculados con el desempeño de tareas en el ámbito doméstico, relacionadas con el cuidado del hogar y con el cuidado de las personas en el entorno familiar, mientras que a los hombres se les asignan roles relacionados con el ámbito público: el empleo remunerado y la participación en los órganos de toma de decisiones que afectan al conjunto de la sociedad.

Los estereotipos de género

Los estereotipos de género hacen referencia a una serie de ideas impuestas, simplificadas pero fuertemente asumidas, sobre las características, actitudes y aptitudes de las mujeres y los hombres. Son los modos de actuación considerados correctos e imputables a un rol determinado en una sociedad y en un momento dado.

De manera genérica, se diferencian cuatro tipos básicos de estereotipos de género:

• Rasgos de personalidad (se suele esperar que las mujeres sean pasivas y sumisas, mientras que se espera que los hombres sean seguros de sí mismos y agresivos).

• Comportamiento doméstico (por ejemplo, se suele considerar que las mujeres cuidan mejor de los niños; mientras que los hombres se desempeñan mejor en las reparaciones de la casa).

• Ocupaciones (por lo general, las mujeres son consideradas como mejores en el desempeño de ocupaciones de ayuda y los hombres en ocupaciones técnicas).

• Apariencia física.

Los estereotipos de género pueden causar un trato desigual e injusto debido al género de una persona. Esto se denomina sexismo y es el hecho de formular hipótesis injustificadas o al menos sin fundamento, sobre las capacidades, los objetivos o los roles sociales de una persona sobre la única base de sus diferencias sexuales.

El proceso de socialización de género

Tanto los roles como los estereotipos de género son aprendidos e interiorizados a través de un proceso de aprendizaje por el cual las personas aprenden e incorporan valores y comportamientos de la sociedad en la que nacen. Este proceso de socialización es denominado socialización de género.

Este proceso de socialización de género tiene dos vertientes: una colectiva, donde los individuos, mujeres y hombres, se adaptan a las expectativas que sobre ellos tiene el resto de la sociedad y una individual, donde cada persona perpetúa los roles y estereotipos, llevándolos a cabo en su vida y enseñándoselos a sus descendientes. Así, el proceso de socialización de género toma una importancia fundamental en el desarrollo de la identidad personal y en la interiorización de los roles de género.

La socialización de género:

• comienza antes del nacimiento, ya que los roles se asignan antes de nacer de acuerdo a las diferentes expectativas que se tienen de un niño o de una niña.

• se prolonga durante toda la vida, a través de la reproducción de los diferentes roles asignados a mujeres y hombres.

• se lleva a cabo a través de los principales agentes de socialización: la familia, la escuela, medios de comunicación, el grupo de pares, el lenguaje,… que reproducen constantemente los roles asignados a cada género.

La identidad de género

La identidad del género (femenino o masculino) es un proceso importante del desarrollo que ocurre entre los 2 y los 4 años. Es cuando los niños reconocen si son un niño o una niña. La identidad de género no viene determinada por el sexo biológico.

Desde los diferentes canales de socialización: familia, escuela, medios de comunicación,… se envían mensajes estereotipados que perpetúan modelos de comportamiento tradicionales de masculinidad/femineidad y que son denominados como mandatos de género. Los mandatos de género se relacionan con el término de profecía autocumplida o efecto Pigmalión, por el cual, el comportamiento inconsciente depende de las expectativas de los demás, facilitando así que se cumplan dichas expectativas.

Proceso de socialización de género masculino

Tabla del proceso de socializacion de género Masculino según Sortzen 2009Tomado de Sortzen (2009)

Proceso de socialización de género femenino

Tabla del proceso de socializacion de género Femenino según Sortzen 2009Tomado de Sortzen (2009)

Exclusión social y género

Se puede definir la exclusión social como la situación carencial generalizada y de aislamiento social, que sufren los individuos o grupos sociales, resultante de procesos en los que actúan factores de carácter económico, social, político y cultural que, a su vez, interactúan entre sí reforzándose mutuamente.

Factores como desestructuración familiar, aislamiento social, bajo nivel cultural-escolar, y todos aquellos aspectos que generen la imposibilidad de participar plenamente como ciudadano. Así, la exclusión social se relaciona con la limitación en el acceso a bienes y servicios y, por tanto, con la limitación en el ejercicio de los derechos y la participación social.
Desde la perspectiva de género, los procesos de exclusión social se vienen analizando a través del enfoque de la interseccionalidad, que hace referencia al análisis de cómo las diversas discriminaciones y opresiones que padece una persona interactúan de manera simultánea, configurando su identidad.

Las desigualdades por razón de sexo interaccionan con otras circunstancias que generan procesos de exclusión: la enfermedad, la discapacidad, el aislamiento relacional, la pertenencia a minorías étnicas, la drogadicción o el encarcelamiento. En esta interacción se produce una retroalimentación entre la discriminación y la exclusión social que da lugar a la discriminación múltiple.

Aunque la igualdad de oportunidades y la eliminación de las distancias en la participación social económica y política entre hombres y mujeres es uno de los objetivos de las políticas sociales y, en los últimos años se han producido avances considerables, todavía persisten brechas importantes entre ambos sexos. Nos gustaría conocer tu opinión al respecto, sobre todo si en algún momento has sentido algún tipo de limitación social por razón de sexo o identidad sexual.

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