“Nada nos ayuda a asimilar mejor la muerte durante la vida que el simple hecho de estar vivos”

Afrontar un proceso de duelo de un familiar de primer grado o de una persona muy cercana a nivel afectivo es, por descontado, una de las situaciones más difíciles y más dolorosas por las que cualquier persona puede pasar. Y por las que, de hecho, con un alto grado de probabilidad, cualquiera va a tener que gestionar en uno o varios momentos de su vida. 

Uno de los principales temas tabú que todavía existen en nuestra sociedad es precisamente el de la muerte. Sin embargo, hablar abiertamente de ella, disponer de herramientas previas en situaciones de enfermedad o relacionadas con personas jóvenes, cuya pérdida siempre conlleva un trauma mayor o más duro, es fundamental. Del mismo modo que también lo es contar con ayuda psicológica especializada en todo el proceso, especialmente después de sufrir el fallecimiento de un hijo/a, familiar cercano, amigo/a, etc.

Es de vital importancia, en este sentido, saber cómo afrontar un proceso de duelo, asimilarlo, estar preparado para las consecuencias que se producirán en nuestro estado anímico, aprender a hablar abiertamente de ello para, de esta forma, evitar que el dolor devenga en una patología y conseguir realmente ayudarnos a nosotros mismos a una recuperación psicológica plena tras este tipo de situaciones por las que nadie quiere pasar. 

Por todos estos motivos, hemos querido hablar con Sandra Latorre, terapeuta especialista en la intervención durante el duelo.

Pregunta: En primer lugar, te queríamos preguntar sobre cómo afrontamos la muerte en nuestra sociedad. ¿Crees que se habla lo suficiente de ella en la educación tanto en casa como en la escuela? ¿Qué crees que se podría hacer para que estemos mejor preparados para afrontar un proceso de duelo cuando nos toque pasar por él?

Respuesta: En primer lugar, debo decirte que para afrontar una pérdida lo mejor es estar preparado, ser consciente de que esto nos va a pasar a lo largo de nuestra vida, nos vamos a tener que enfrentar a la pérdida en primera persona y nadie nos puede sustituir. En nuestra sociedad hay mucho reparo en hablar sobre el tema muerte. Solemos evitar hablar de ello porque creemos que, si no lo hacemos, esta no está presente en nuestra vida. 

Uno de los problemas por los cuales no estamos preparados para afrontar una pérdida es porque en la escuela no recibimos una educación que incorpore este tema, nos enseñan antes a cómo resolver una ecuación que difícilmente usaremos. Si este tiempo lo hubiesen empleado en enseñarnos a saber gestionar las emociones que nos acompañan a lo largo de nuestra existencia, estaríamos mucho más preparados. 

Atravesar un proceso de duelo significa aceptar, si no hay una aceptación por parte de uno mismo, nos estancamos. Yo siempre recomiendo hacer el duelo mediante la escritura, tenemos que ir poco a poco tejiendo una historia que dé algún sentido a lo sucedido. Tejer esa historia nos permite poner palabras y sonidos a ese vacío silencioso.

P: ¿De qué manera ha afectado la pandemia a los casos que has tratado en los últimos meses? ¿Han sido procesos aún más traumáticos, más difíciles de asimilar?

R: La pandemia ha afectado muchísimo, de manera desbordante y muy afectiva. Sí que han sido procesos más traumáticos y difíciles de asimilar, pero para muchas personas esta situación ha servido para darse cuenta de qué es lo realmente importante en sus vidas. Vivir con una total incerteza hacia al futuro nos ha desmontado los planes, las expectativas y las escenas soñadas. Pero como he comentado antes nos ha hecho ver lo verdaderamente importante en nuestras vidas.

P: Cuando trabajas con un paciente, ¿cómo abordas en un primer momento su dolor? Imagino que muchas veces nos cuesta abrirnos en situaciones tan duras como estas, ¿qué herramientas utilizas para conseguir entrar en la psicología de tus pacientes en estos casos?

R: Ante todo, tenemos que tener claro que cada paciente, cada pérdida y cada proceso son únicos y no hay dos iguales. Lo que para uno puede ser desgarrador para otro puede ser totalmente sostenible. Para abordar su dolor y conseguir entrar en la psicología de mis pacientes, lo primero que hago es ponerme en su lugar, estudiar su dolor y ver qué herramientas puedo ofrecerle para llevar a cabo este proceso y llegar a la plenitud de su bienestar.

P: ¿Por qué es tan importante, en tu opinión, que tratemos con un profesional el dolor que sentimos tras el fallecimiento de un ser querido? ¿Es fácil que estos procesos se transformen en patologías si no se abordan del modo adecuado?

R: El dolor es algo muy delicado. No todos sabemos gestionarlo adecuadamente. Si este dolor lo llevamos encima pero no nos afecta en nuestra vida cotidiana, no hay ningún tipo de problema. El problema llega cuando este dolor sí nos afecta en las tareas diarias, es decir, nos impide estar atentos en nuestro trabajo, nos quedamos en la oficina mirando la pantalla, solo sentimos necesidad de llorar, no queremos hablar con nadie, nos aislamos del mundo actual, etc. Entonces, es aquí cuando necesitamos tratamiento profesional. Es muy fácil que este tipo de procesos dolorosos si no se tratan en el momento correcto y en el modo adecuado puedan derivar en patologías, tanto psicológicas como físicas.

P: Cuando hablamos de la muerte y tratamos de entenderla es muy importante la comunicación, las metáforas que nos ayudan a asimilarla, a ir cambiando el dolor por la pérdida por el valor del recuerdo imborrable de la persona que nos ha dejado. Me gustaría saber si son realmente tan decisivos este tipo de discursos y si nos puedes poner algún ejemplo de alguno que te haya funcionado especialmente.

R: Cuando tratamos la muerte o tratamos de entenderla, lo primero que pensamos es: si la muerte no entiende el concepto de espacio / tiempo, ¿por qué deberíamos nosotros? 

Entender la muerte es un proceso muy duro, con altibajos emocionales. No obstante, para la mayoría de las personas, es un periodo de acceso a una nueva comprensión y a un crecimiento personal

El hecho de enfrentarse a las heridas del pasado, el restablecimiento de las relaciones y el hecho de preocuparse por los seres queridos permite que las personas cercanas al fallecimiento por su estado y también sus familiares alcancen a menudo una profunda tranquilidad interior antes del desenlace inevitable.

P: Una pregunta un poco más filosófica, quizá, si nos lo permites. Cada proceso de duelo entiendo que es muy personal y tiene sus propios tiempos, pero ¿hay alguna actitud o enfoque que nos pueda ayudar a asimilar mejor la muerte durante la vida? ¿De qué manera global podríamos cambiar un poco este paradigma en el que solemos ver la muerte como un tabú?

R: Empezaré por contarte que nada nos puede ayudar a asimilar mejor la muerte durante la vida que el simple hecho de estar vivos. Una actitud positiva es la de vivir plenamente, ese es el enfoque que nos puede ayudar a asimilar mejor la muerte durante la vida. Vemos la muerte como un tabú, es cierto, pero hay que plantearse descifrar este paradigma a través de la siguiente pregunta: ¿a qué tememos más, a la muerte o a sentir dolor? ¿Verdaderamente nos preocupa más el hecho de desaparecer o el hecho de sufrir dolor al desaparecer?

Como decía Antonio Machado: “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos”. Efectivamente, vida y muerte es una dicotomía que no debería preocuparnos, pues mientras vivimos no hay muerte y, una vez que desaparecemos, ya no sentimos dolor. 

P: Por último, ¿crees que todavía hay un exceso de temor o desconocimiento a la hora de solicitar ayuda psicológica? ¿Es clave hablar de ello y “trabajar” en nuestro dolor para poder superarlo completamente?

R: Totalmente, hay un temor muy elevado a la hora de solicitar ayuda psicológica. La falta de confianza, el miedo a ser encasillado “como un loco” o las dificultades para compartir situaciones y sentimientos íntimos, suelen hacer muy difícil la decisión de pedir ayuda psicológica.

Es un camino arduo. Además de pedir ayuda psicológica, va a ser fundamental el estado de motivación y las ganas que tengamos de querer salir de ese agujero negro en el que podamos estar inmersos. Yo siempre digo que hablar sana, nos ayuda a ordenar nuestras ideas, el sistema de pensamientos a partir del cual percibimos y analizamos lo que ocurre. 

Lo que más puede desequilibrar psicológicamente a la persona en duelo no es el sonoro llanto de atreverse a compartirlo, sino el sufrimiento callado de tener que contenerlo. Por lo tanto, trabajar en nuestro dolor para poder superarlo, es clave.

FORMACIÓN RELACIONADA: Curso de Control y Superación de la Ansiedad

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