El dilema del etiquetado de alimentos: el Nutriscore

El etiquetado de alimentos es el canal de comunicación entre los productores y los consumidores finales. Esta herramienta resulta clave para las elecciones informadas en la compra y consumo de alimentos

Es innegable que el aumento del consumo de alimentos procesados y los malos hábitos alimentarios están impactando de forma preocupante en la salud de la población. Además de la escasa educación nutricional, en muchas ocasiones es el etiquetado de los productos el que crea confusión. Existen mecanismos para identificar si una declaración nutricional es verdadera, pero ninguna ley protege la salud alimentaria de los consumidores más allá de prevenir intoxicaciones e informar de alergias. 

Normas a nivel nacional y europeo regulan el contenido, tamaño y disposición de la información que estas etiquetas recogen. Su objetivo es garantizar la protección del consumidor y facilitar elecciones saludables, o al menos conscientes. Sin una educación alimentaria temprana, adecuada y de calidad nos seguirá resultando complicado distinguir qué productos son beneficiosos para una dieta y estilo de vida saludables. Los organismos pueden legislar favoreciendo etiquetas claras y veraces pero seguirá siendo inútil si no sabemos interpretarlas para mejorar nuestros hábitos alimentarios. 

Existen dos sistemas de etiquetado nutricional de los alimentos, unos evalúan los parámetros del producto de forma independiente y otros lo hacen de manera conjunta. Ambas opciones coexisten en diversos países. 

En Chile se utilizan los Sellos, mensajes que indican “ALTO EN” cuando se superan los límites establecidos por el Ministerio de Salud en calorías, sodio, grasas saturadas o azúcares. También se ha prohibido la manipulación del consumidor mediante imágenes y se han tomado medidas restrictivas en cuanto a la publicidad que incentive el consumo de productos azucarados para niños.

El Traffic Light es un etiquetado popular en Reino Unido, Portugal o Irlanda. Indica la cantidad de calorías, grasas, grasas saturadas, azúcares y sal acompañándolo gráficamente con los colores del semáforo. 

El Nutri-Inform Battery se implantó en Italia y durante el año 2020 otros países se han sumado a esta propuesta para “salvar” a la dieta mediterránea del controvertido NutriScore, la herramienta para distinguir los productos saludables que detallaremos un poco más adelante y que actúa también como un semáforo nutricional

El sello implantado en Italia protege productos constituidos por un único ingrediente (ej. aceite de oliva) o regímenes de calidad protegidos (DOP, IGP y ETP) y propone un esquema comprensible a los consumidores, con información práctica de los nutrientes individuales, permitiendo contextualizar los alimentos en proporciones reales de consumo a fin de evitar fomentar opciones no saludables y utilizando columnas o baterías para representar los mismos parámetros que el semáforo.

  • Evaluación general del producto

Al evaluar de forma global el producto se han identificado inconvenientes. Muchos no explican la razón de las calificaciones negativas, ya sea por los nutrientes críticos presentes a altos niveles o porque no son aconsejables para grupos de población con determinadas alteraciones de salud. 

En Australia o Nueva Zelanda se indica mediante el “Health Star Rating”, mientras que en Francia, Bélgica o España se ha implantado el NutriScore. Este algoritmo relaciona puntos positivos y negativos para crear un perfil nutricional global que categoriza los productos mediante colores y letras. Se centra en la cantidad de calorías, azúcares, sodio y grasa saturada. 

Una vez más, se calcula una valoración homogénea que no atiende a hábitos de consumo, calidad, procedencia o mezclas de nutrientes, ni por supuesto al grado de procesamiento. El resultado crea confusión y no resulta práctico para el consumidor, además de no adaptarse a la dieta mediterránea.

  • NutriScore en España 

En España se pretende implantar el NutriScore a lo largo de 2021 como método para ayudar a los consumidores en la elección de alimentos más saludables. También busca cambios en la producción, promoviendo reformular productos en busca de una buena calificación. Pero, ¿es efectiva esta medida? ¿Va a ayudar a la sociedad española a identificar qué alimentos son saludables? ¿Tendrá un impacto positivo en la reducción del consumo de azúcar y ultraprocesados? ¿Contribuirá a reducir la obesidad?


Muchos se han posicionado en contra del etiquetado NutriScore por la elevada confusión que genera su algoritmo. Este ofrece resultados globales que comparan productos de una misma categoría. Así, podemos encontrar batidos o cereales azucarados y ultraprocesados con una calificación verde y jamón ibérico o semillas de chía en la gama de rojos. 

Otro ejemplo que cuestiona la validez del NutriScore es la mala calificación que ha dado al aceite de oliva. La valoración del producto se ha hecho por su elevado contenido en grasa, sin tener en cuenta su calidad o beneficios. En este caso, se ha “indultado” al AOVE del etiquetado pero no a buenos procesados que lo contienen. De esta manera podríamos encontrar unas sardinas en aceite de oliva con una puntuación mucho peor que un refresco “light” o “zero”. 

Más controversia viene por no imponerlo como obligatorio. De esta forma, la industria alimentaria solo incluye el NutriScore en aquellos productos que obtienen un buen resultado. Los expertos contrarios a este etiquetado manifiestan el perjuicio del pequeño comercio y productores de comida real frente a las grandes empresas de procesados que pueden utilizarlo a su antojo.  

La segunda pandemia que nos acompaña en estos tiempos es la obesidad, especialmente la obesidad infantil. Dejar a un lado la manipulación alimentaria con fines publicitarios o comerciales es una cuestión de vital importancia para la sociedad en la que vivimos. 

Comenzar con un etiquetado veraz, claro y que informe al consumidor de los beneficios o perjuicios del producto a adquirir sería un buen primer paso. Además de fomentar la educación alimentaria, sería muy conveniente que los productos incluyeran en sus etiquetados valores como sostenibilidad, origen, grado de procesamiento, naturalidad o responsabilidad corporativa. 

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