«Carmen es una niña de 11 años que cursa 6º de educación primaria. Suele aprobar la mayoría de los controles con un cinco o un seis, aunque a veces suspende, sobre todo en matemáticas y en aquellos casos en que no le da tiempo a terminar los exámenes «tengo que leer cinco o seis veces un enunciado para entender lo que he leído».

Aunque dedica el doble de tiempo que sus compañeros a las tareas escolares y en casa le ayudan y revisan los deberes, no logra obtener los resultados que quiere. Así, aunque procura prestar el máximo de atención en repasar lo que escribe es habitual que cometa errores aunque ya casi nunca se equivoca en fragmentaciones de palabras, por ejemplo, «esun niño» por «es un niño».

En casa están preocupados: Carmen se esfuerza y es muy trabajadora pero su hermana, a su misma edad, era mucho más autónoma y, dedicándole menos tiempo, obtenía mejores resultados».

Es un caso ficticio pero que responde a una problemática que afecta a entre un 10-15% de la población en edad escolar. Hablamos de las dificultades de aprendizaje, las más conocidos las que afectan a la lectoescritura que, en la mayoría de los casos no se detectan y que se encuentran directamente relacionados con el fracaso o con el abandono escolar.

Se trata de dificultades que, aunque duran toda la vida, se presentan sobretodo en alumnos de primaria y secundaria y condicionan que un niño con una inteligencia normal, sin problemas de visión o audición y una adecuada estimulación cognitiva tenga dificultades en uno o más aprendizajes escolares.

Algunos niños con problemas de aprendizaje pueden presentar también problemas de conducta, ya que prefieren presentarse a sí mismos como «malos» que como «estúpidos o torpes».


Las dificultades de aprendizaje se pueden agrupar en cinco categorías:

  • Problemas Escolares (PE),
  • Bajo Rendimiento Escolar (BRE),
  • Dificultades Específicas de Aprendizaje (DEA),estas se pueden dividir en Dificultades de lectura, dificultades de escritura y dificultades de las matemáticas. Son las más conocida.
  • Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).
  • Discapacidad Intelectual Límite (DIL)

Estas dificultades no son una enfermedad ni tampoco se deben confundir con pereza. Se trata de dificultades que, con una detección precoz y un apoyo adecuado tanto a nivel socio-familiar como de aprendizaje permiten que se alcancen los objetivos académicos.

En cualquier caso, las dificultades de aprendizaje con un diagnostico tardío o con falta de apoyo o atención individualizada no solo afectan al ámbito educativo, sino que acaban afectando al desarrollo emocional y a la autoestima del niño además de añadir numerosas situaciones de estrés en el contexto familiar.

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