Las 5 características esenciales que deben tener los cuidadores geriátricos

La Organización Mundial de la Salud afirma que “el envejecimiento de la población puede considerarse un éxito de las políticas de salud pública y el desarrollo socioeconómico, pero también constituye un reto para la sociedad, que debe adaptarse a ello para mejorar al máximo la salud y la capacidad funcional de las personas mayores, así como su participación social y su seguridad”.

Esta organización estima que entre 2015 y 2050 el porcentaje de los habitantes del planeta mayores de 60 años casi se duplicará, pasando del 12% al 22% y alcanzando una cifra de aproximadamente 900 millones de personas. Los países deben enfrentar este reto demográfico garantizando sistemas sanitarios y sociales capaces de asumir y gestionar este cambio estructural. 

Diferentes asociaciones centran su actividad en investigar y garantizar una buena calidad de vida en los años de vejez. Como ejemplo de ello, las diferentes organizaciones geriátricas y gerontológicas, entre ellas la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), tienen por objetivo impulsar, implementar y divulgar el conocimiento en el proceso del envejecimiento, la salud y la calidad de la vida de las personas mayores desde una perspectiva profesional, colaborativa e interdisciplinar. 

La persistente reducción de la fecundidad y por consiguiente de la natalidad, acompañadas del aumento de la esperanza de vida, son paradigmas demográficos que han cambiado la estructura de la sociedad y que están aproximándonos al momento en el que la pirámide de población se invierta por primera vez.

Por otra parte, desde el punto de vista biológico, el inevitable envejecimiento sucede a causa de la acumulación de daños moleculares a lo largo del tiempo que producen un descenso gradual de las capacidades tanto físicas como mentales, aumentando también el riesgo de padecer enfermedades. 

Las patologías asociadas al envejecimiento son la pérdida de audición, las cataratas, dolores articulares, osteoartritis, fragilidad, incontinencia urinaria, diabetes o úlceras, entre otros. A pesar de ello, ni las causas, ni la evolución, ni las consecuencias de la vejez son lineales ni uniformes, por lo tanto cada persona puede desarrollar afecciones relacionadas con la longevidad en circunstancias muy distintas, no existe un “modelo” de persona mayor ni patrones comunes en el proceso de envejecimiento. 

Los ámbitos de actuación que recomienda la OMS como plan de envejecimiento integran la coordinación de los sistemas sanitarios con las necesidades de las personas mayores, la garantía de sistemas de atención crónica, el compromiso con el envejecimiento saludable,  la creación de entornos adaptados y la mejora del seguimiento y comprensión de la tercera edad. 

Estas prestaciones y cuidados serán proporcionadas o bien en centros geriátricos especializados en el cuidado de personas mayores, o bien por profesionales que ofrezcan ayuda a domicilio. En cualquier caso, los cuidadores de personas mayores les proporcionarán asistencia, atención y apoyo, haciéndose cargo de todas las necesidades que puedan tener así como su adaptación y dependencia. 

Cuidar de personas de la tercera edad implica un gran sentido de la responsabilidad, además de otras cinco características esenciales que deben tener todos los cuidadores geriátricos y que enumeramos a continuación: 

1. Disposición y disponibilidad 

Los servicios que prestan los cuidadores de personas mayores requieren perseverancia y sacrificio, además de gran cantidad de su tiempo. Las personas a las que se ayuda y atiende necesitan soporte en labores cotidianas, que variará en función de su nivel de dependencia, pero que en la mayoría de los casos deberán desempeñarse a diario y de manera sistemática para no interrumpir sus rutinas. 

Actividades como vestirse, asearse o ayudarles a comer son labores que deben realizarse todos los días e incluso más de una vez, por lo que requieren de la constancia y disponibilidad del profesional que las realice. 

2. Honestidad, empatía y asertividad

Tratar con grupos de edad delicados implica un alto grado de honestidad, integridad y ética profesional por parte de los que desempeñan, en este caso, la labor de cuidar a personas mayores. Además de asumir la responsabilidad y el compromiso de atender sus quehaceres cotidianos, higiénicos y sanitarios, en muchas ocasiones también el cuidador deberá gestionar cuestiones económicas o financieras. Esto exigirá un alto grado de sensatez y honestidad con la persona que se está asistiendo. 

Es fundamental que estos profesionales establezcan una relación cercana y empática con el paciente. No hay que olvidar que muchas personas mayores se sienten tristes, incomprendidas o solas y deben ser escuchadas, atendidas y tomadas en cuenta.

3. Comunicación fluida e inteligencia emocional

Las personas mayores pueden mostrarse desorientadas o desubicadas, el cuidador debe ser capaz de establecer conversaciones que tranquilicen y hagan sentir bien al paciente. Pueden llegar a mostrarse ansiosos o temerosos ante ciertas situaciones y estos profesionales deben saber solventar los momentos críticos sin ponerse nerviosos y manejando la situación de la mejor manera posible. 

Del mismo modo, ser cuidador de personas mayores implica muchas horas acompañándolos en las que los especialistas deben utilizar sus habilidades pedagógicas y comunicativas para conversar con sus pacientes de manera que estén estimulados, activos y ejerciten su mente.  

4. Positividad y paciencia 

Hay que partir de la base de que el envejecimiento se produce de forma progresiva, sin posibilidad de retroceso, cura o ralentización de su evolución. Es por ello que el encargado de cuidar a las personas en su última etapa de la vida debe desprender optimismo, positividad y vitalidad. Una buena actitud hará el día a día de los cuidadores más ameno y contagiará alegría e ilusión a aquellos a quienes cuida. 

Esta disposición también ayudará a equilibrar la balanza y a mantener un alto grado de paciencia ya que las largas jornadas laborales y las exigencias de los pacientes pueden saturar a los trabajadores. Esta virtud hará que los ancianos se sientan comprendidos, escuchados y que vean que se les tiene en cuenta, facilitando la actividad del día a día y la relación entre los cuidadores y las personas cuidadas por ellos.

5. Fortaleza físico-psicológica y formación en necesidades específicas

Todas las personas mayores que precisan cuidados y atención no tienen el mismo grado de dependencia, movilidad o deterioro cognitivo. De la misma manera, no se dispone de las mismas herramientas o medios que faciliten la adaptación en centros geriátricos que en domicilios particulares. Por esta razón, los cuidadores de personas mayores deben estar preparados para el desgaste físico que puede suponer cuidar a personas que no se valen por sí mismas y que se les tiene que ayudar a actividades como por ejemplo vestirse, ducharse o acostarse y levantarse de la cama. 

El ejercicio de este trabajo requiere formación y profesionalidad, así como la eficacia y eficiencia en los cuidados relacionados con la salud, la gestión de posibles emergencias y las habilidades terapéuticas y comunicacionales en el cuidado diario que mejore la calidad de vida del paciente. 

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