La ansiedad, la enfermedad del siglo XXI

Afortunadamente, la salud mental está consiguiendo dejar a un lado el estigma y la vergüenza que la han acompañado durante años. Con la llegada de la covid-19 y la pandemia, prácticamente el mundo entero ha visto cómo se ponía en juego su equilibrio psicológico.

Las fuentes de estrés que han bombardeado a las personas durante estos últimos meses coinciden en el miedo a infectarse por el virus, sentimientos de frustración, impotencia, desinformación, incertidumbre, innumerables cambios de hábitos o problemas económicos derivados de esta situación. Y, en consecuencia, el aumento exponencial de problemas de salud mental.

El estudio Las consecuencias psicológicas de la Covid-19 y el confinamiento, elaborado por varias universidades españolas, reveló en su momento que el 25% de hombres y el 44% de mujeres habían experimentado un incremento de la ansiedad o de ataques de angustia en este periodo. De ellos, el 4,6% de los hombres y el 11,3% de las mujeres indicaron haberla experimentado previamente. Además, se detectó una mayor incidencia entre jóvenes y personas con niveles socioeconómicos bajos.

La ansiedad ya era considerada con anterioridad como la enfermedad del siglo XXI, pero la pandemia ha generado un fuerte impacto que han repercutido en las actitudes, conductas y problemas mentales de la población mundial. A continuación, vamos a conocer qué es la ansiedad, qué circunstancias pueden originar este trastorno, qué tipos de ansiedad existen y cómo aprender a gestionarla. 

La ansiedad es una reacción psicofisiológica que nos permite ponernos alerta ante una situación de peligro. Esta activación del organismo proporciona el componente adecuado de precaución que, en situaciones aisladas, experimentan todas las personas ante estímulos amenazantes. Muchos profesionales coinciden en que una ansiedad moderada resulta saludable y beneficiosa para afrontar retos.

La ansiedad parte de mecanismos cerebrales en los que se integran los recuerdos (pasado) con situaciones actuales (presente) para así anticiparse y prever unas determinadas consecuencias (futuro) que nos inquietan. Todos sentimos ansiedad antes de un examen o una entrevista de trabajo y notamos sensaciones físicas automáticas, como que se acelera el ritmo cardíaco, aumenta la sudoración, tenemos temblores o disminuye la salivación. 

En ocasiones, el sistema de respuesta a la ansiedad se desborda o deja de funcionar correctamente. En estos casos se produce una reacción desproporcionada, en la que el miedo y la preocupación excesiva se presentan de forma constante en diversas situaciones, incluso cuando no existe un escenario de peligro.  Cuando se dan estas circunstancias la ansiedad pasa de ser una sensación o acontecimiento puntual a un trastorno. 

No obstante, se estima que en torno a una de cada cinco personas sufrirá un trastorno de ansiedad a lo largo de su vida. Además, hay estudios que advierten una alta probabilidad de cronificar este trastorno y derivar en otros, como la depresión o ciertas adicciones, si no se reciben tratamientos para la ansiedad. 

Tendemos a pensar que este trastorno tiene que estar provocado por un desencadenante concreto, pero lo cierto es que la ansiedad puede aparecer o producirse en cualquier momento de la vida de una persona. Asimismo, son diversas circunstancias las que pueden causar o contribuir al desarrollo de este trastorno.

  • Causas genéticas: Con frecuencia, la ansiedad surge en la adolescencia o en los inicios de la adultez, además existen evidencias científicas sobre el hecho de que puede ser un trastorno en parte hereditario. Los genes y las primeras experiencias del aprendizaje aumentan la predisposición a padecer ansiedad.

  • Hechos traumáticos: Es habitual que se desencadene una crisis de ansiedad después de vivir un suceso traumático. Esta puede desaparecer cuando concluye el problema o perdurar en el tiempo, pasando a ser un trastorno de estrés postraumático. Un accidente de coche, un atentado, un robo, la misma pandemia o presenciar un acto violento, entre otras muchas circunstancias, pueden causar el desarrollo de este trastorno al recordar pensamientos, sentimientos o patrones de conducta relacionados con el incidente.

  • Experiencias vitales: También pueden provocar ansiedad otros sucesos que no necesariamente sean traumáticos. Un embarazo, un despido laboral e incluso situaciones cotidianas o el propio temor a cuándo y a cómo se producirá el próximo ataque de pánico se dan en personas con trastornos de ansiedad generalizados.

  • Fobias: Pánico a viajar en avión, a asistir a eventos sociales concurridos, a tormentas, a espacios cerrados, a las agujas y un larguísimo etcétera. En definitiva, el miedo intenso a determinados objetos, animales o situaciones generan terror hacia unas circunstancias específicas y pueden limitar la vida de una persona por el simple hecho de tratar de evitarlas.

  • Consumo de drogas: Sustancias como la cafeína, el alcohol y otras drogas más duras, incluso medicamentos o la propia abstinencia a estos estupefacientes o fármacos, pueden causar cuadros graves de ansiedad.

 

Las enfermedades mentales son tan heterogéneas como numerosas. Como ya hemos comprobado, las causas del trastorno de ansiedad se deben a diferentes circunstancias. A continuación, conoceremos cuáles son los tipos de trastornos más comunes en los que está presente la ansiedad.

  • Trastorno de pánico: Se caracteriza por ataques de pánico que provocan una ansiedad extrema. Suceden de manera inesperada, repentina y reiterada. A pesar de que suelen tener una duración breve, el paciente también sufre un alto grado de preocupación y temor a la repetición del próximo episodio y a la incertidumbre de cuándo volverá a ocurrir.

  • Trastorno de ansiedad generalizada:  Se trata de una preocupación excesiva en la que continuamente se produce una anticipación a supuestos acontecimientos adversos y escenarios negativos. Esta inquietud desproporcionada y persistente ante actividades cotidianas llega a condicionar el funcionamiento psicosocial y el desempeño natural del día a día de quien la padece. Algunos estudios revelan que un tercio del riesgo de sufrir este trastorno se atribuye a causas genéticas. Además, se da en todos los grupos de edades: desde niños preocupados por hacer bien las tareas, pasando por adolescentes intranquilos por sus exámenes, hasta adultos en situaciones económicas inestables o ancianos angustiados por problemas de salud.

  • Trastorno fóbico: Se estima que un 10% de las personas tiene alguna fobia específica. Estas pueden llegar a resultar muy incapacitantes y a mermar la libertad de quienes padecen trastorno fóbico por el pánico a verse expuestos. El miedo es libre y existen millones de fobias que se clasifican en tres grandes grupos: agorafobia, fobia social y fobias específicas. La primera se refiere al temor desproporcionado a verse envuelto en determinados escenarios donde fuera difícil escapar o disponer de ayuda, normalmente ligada a multitudes o espacios exteriores. La segunda alude a la ansiedad ante situaciones de interacción social o al hecho de sentirse analizado por otra persona. En cuanto a las fobias específicas, suelen provocar un miedo excesivo a las supuestas consecuencias que traerá la exposición al estímulo, como podría ser no conducir por miedo a poder tener un accidente.

  • Trastorno obsesivo-compulsivo: Esta afectación impacta en el pensamiento, el estado de ánimo y el comportamiento de quien la padece. Sus pacientes manifiestan pensamientos y rituales de forma continua y reiterada. Estas obsesiones producen un alto grado de ansiedad que la persona trata de paliar con compulsiones o comportamientos que hace de forma repetitiva. Durante la pandemia se han incrementado los casos de TOC relacionados con el miedo a infectarse por el virus, que trata de mitigar sus efectos con limpieza excesiva.

  • Trastorno de estrés postraumático: En este caso, la ansiedad está provocada por la exposición a un acontecimiento traumático. Sus síntomas más comunes son: reexperimentación de la situación traumática, evitación de estímulos relacionados con el trauma, embotamiento mental o hiperactivación. En función de la permanencia en la vida del paciente se distingue entre estrés postraumático agudo o crónico. 

 

Cabe destacar que, en la mayoría de los casos, un tratamiento adecuado cuando se sufre un trastorno de ansiedad ayuda a reducir considerablemente los síntomas. Además, el objetivo no debe ser tratar de eliminarla, sino aprender mecanismos y herramientas para gestionar la ansiedad de una manera correcta

En casos agudos, la enfermedad se puede llegar a tratar con medicación pautada por psiquiatría. De forma complementaria o independiente, existe un amplio abanico de ayudas para controlar la ansiedad: terapias cognitivo-conductuales, libros, charlas o grupos de autoayuda permiten al paciente sentirse escuchado, comprendido y valorado. Además, este tipo de terapias le ayudarán a exteriorizar sus sentimientos y miedos, conseguirá identificarlos cuando sucedan en la vida cotidiana y poco a poco adquirirá las herramientas para afrontarlos.

Igualmente, son muy recomendables algunas prácticas como mantener determinadas rutinas, practicar deporte, intentar estar activo a nivel social, tener buenos hábitos de alimentación y de descanso o evitar sustancias adictivas. La finalidad del tratamiento debe ser identificar las dificultades y los síntomas de manera que se afronten a través de vías sanas y que intenten evitar la recaída en el trastorno

Esta otra gran epidemia que viene infectando a muchas personas de forma indiscriminada desde hace años como es la ansiedad también ataca a personas sanas, de todas las edades, sexos, culturas y niveles económicos. La ansiedad, en ocasiones, llega a considerarse un mal endémico ante el que solo queda la opción de resignarse, aceptando la frustración y el malestar que produce. 

Por suerte, hemos empezado a hablar de la ansiedad y hemos asumido que debemos poner solución a los problemas mentales sin avergonzarnos o sentir miedo a ellos. Y aunque estamos rodeados de factores estresantes y angustiosos, como la inestabilidad económica, la incertidumbre laboral, la presión autoimpuesta de las redes sociales o la tensión de la pandemia, el malestar psicológico y las enfermedades mentales van avanzando pasito a pasito hacia un futuro mucho más esperanzador.

Cuéntanos en comentarios cuál es tu visión, si tu también has sentido un incremento de la ansiedad y qué técnicas utilizas para controlarla. ¡Nos leemos!

FORMACIÓN RELACIONADA: Curso de Control y Superación de la Ansiedad

Un comentario

  1. Les agradezco mucho el trabajo que hacen al colocar estos articulos actuales desde españa , es muy importante saber donde estamos caminando y que pasa en nuestra sociedad hoy para advertir, mitigar, solucionar problemas tan graves como la ansiedad y sus multiples trastornos
    Somos educadores profesionales
    Y debemos estas siempre presentes

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